Contrastes

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Se acaba el verano lamentablemente y es momento de extraer conclusiones de estos meses deambulando de nuevo por Grecia. Y la conclusión sigue siendo la misma que en años previos: este es el paraíso para navegantes. Nos sigue cautivando más, si cabe. ¿Cómo no nos vamos a enamorar de este país, de su gente integra y cabal, de sus cariñosas actitudes, de su vivir observando con una cierta distancia las imposiciones y modas del mundo moderno? Fuera de multitudes, de agobios y prisas la vida discurre con otro “tempo”. La buena gente, aquella que te encuentras en la actividad diaria, tomando un café, haciendo alguna compra o avituallamiento o reparando algo, nos da muestras cada día de su cariño y bonhomía.

Tengo plena conciencia de que mi visión es subjetiva, parcial e incompleta. Como la propia vida. Fruto de experiencias y visiones personales, no pretendo abarcar ni explicar esta compleja realidad, sino tan solo compartir unas impresiones y reflexiones con quien lea esto, para animarle a que venga a este lugar mágico y que lo conozca por sí mismo. No hay dos caminos iguales. Cada cual traza el suyo, según va viviendo.

Desde este modesto blog, no trato de pontificar ni dogmatizar con verdades indiscutibles, sino solo compartir algunas vivencias a modo de crónicas de viajes, a diferencia de muchos de nuestros mediocres dirigentes; personajillos sin formación sólida ni ética, quienes, a pesar de su carencia de formación o experiencia, tratan de adoctrinarnos, de marcarnos el camino que diferencia lo que está bien y lo que está mal; se esfuerzan en educarnos y concienciarnos sobre lo que debemos hacer y lo que no podemos hacer, tratando de modelar nuestro comportamiento y nuestras vidas. No puedo con tanta osadía. Se deleitan en dictar normas y más normas, cada vez más invasivas, que atentan contra nuestra libertad individual. Y ellos deciden por todos nosotros.

Estos días han sido extraños y difíciles, por razones de una gran pérdida familiar que ha alterado obviamente nuestros planes, por lo que apenas hemos navegado. En la vida uno va encontrando personajes singulares que, por diferentes razones, se salen de la norma y nos marcan, nos dejan profunda huella de sabiduría, de un modo u otro, por ser diferentes, por seguir su propio camino con entusiasmo, convencimiento y positivismo. Podría citar varios que he tenido la suerte de conocer en mi vida (todos ellos en sus ochenta o más años) pero hoy vaya desde aquí mi reconocimiento a Arturo. Entusiasta y vital como nadie, divertido y travieso, a sus 94 años se ha ido como él hubiera querido, viviendo intensamente hasta la última exhalación. Descansa en paz.

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Arte clásico

No obstante, los pocos días que hemos navegado en esta ocasión, nos dejaron algunas anécdotas curiosas, como siempre que uno está en la mar, que voy a relatar y compartir con vosotros.

Una noche cálida, cenando en una tabernita simpática, donde uno siempre se siente feliz y reconciliado con la vida, escuchando esa emotiva música griega, envolvente y repetitiva, pero siempre cercana, estábamos en su terraza, algo elevada sobre el terreno, bajo la cual había una especie de piscina natural en la orilla de un pequeño muelle, iluminado con un par de farolas, vimos algo que nunca antes habíamos visto. Súbitamente, como llamados por la luz, decenas de pequeños peces saltarines empezaron a saltar al unísono fuera del agua, como si fueran empujados por resortes, cayendo en multitud sobre el suelo, dando estertores hasta que un grupo de niños que lo presenciaron tan atónitos como nosotros, acudieron corriendo para lanzarlos por puñados de vuelta al agua. Parecía una escena irreal sacada de una película.

Unos días después, en esta ocasión también en noche despejada, habitual en verano, sentado tranquilamente en el cockpit, en un momento en que miré al cielo que estaba particularmente hermoso, ya que no había ninguna contaminación lumínica que le afectara, ni nubes que empañaran la vista, el firmamento estaba iluminado como nunca, se delimitaba con precisión la Vía Láctea, cuando se cruzó una muy luminosa hermosa estrella fugaz durante unos segundos que parecieron una eternidad. Tendríamos que mirar más al cielo por la noche para relativizar nuestra insignificancia relativa, situarnos en nuestro lugar y ser menos soberbios. Recuerdo que, siendo niños, en aquellos calurosos veranos de vida rural, por las noches mirábamos mucho al cielo para identificar las estrellas, buscar estrellas fugaces admirados ante la inmensidad del universo. Nos convertimos en adultos, dejamos de mirar al cielo estrellado, nos alejamos de la naturaleza y nos creemos que esta civilización es el centro del universo.

Es resaltable también el encuentro sorpresivo que tuvimos una  mañana de mar calma. Nos pareció ver a una cierta distancia una tortuga que se sumergía y emergía. Cambiamos el rumbo para aproximarnos y verla de cerca, pero cada vez que nos acercábamos se volvía a sumergir y tardaba mucho tiempo en volver a subir. Al fin pudimos verla relativamente cerca. No era una tortuga. Se trataba de una jovencita foca monje, cuya foto veréis al comienzo de esta entrada, de las que apenas quedan unos pocos centenares en el mundo y muy escasos en el mediterráneo. ¡Que imagen más tierna!

Ya en puerto, estaba preparando el barco para su inmediata varada para invernar, amarrado en una marina en Laki, en la isla de Leros, contiguo al tramo de muelle público reservado para la Guardia Costera, donde suelen estar dos de sus patrulleras de salvamento. Al levantarme y salir a cubierta a disfrutar de esos primeros rayos de sol con un humeante café en la mano, me tocó presenciar el triste espectáculo de la llegada de una de las patrulleras cargada de emigrantes rescatados en un par de pateras, en estas escasas millas que separan la costa turca de las islas griegas.

Da lástima ver cómo desembarcan con caras de alegría, los sientan en el suelo en dos grupos, separando a los hombres de las mujeres y niños y los suben a sendos autobuses que los guiarán al centro de acogida donde realizarán los trámites de solicitud de asilo para los diferentes países europeos de destino y donde tendrán que esperar largos meses hasta que sean aprobadas sus solicitudes. Entretanto, algunos de ellos deambulan al anochecer por las calles de Laki, respirando su ansiada libertad o la tranquilidad de no sentirse amenazados con los peligros o la miseria de la que viene huyendo o imagino que soñando con el futuro esperanzado de una vida mejor.

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Emigrantes rescatados en Laki

Contrastes que uno vive en estas islas que compartimos con sus escasos habitantes, los muchos navegantes que hemos descubierto este paraíso y los emigrantes que las alcanzan como etapas de paso hacia el país elegido o asignado como destino, en busca de oportunidades negadas o inexistentes allí donde nacieron.

Y más contrastes. Una lancha de carbono, ultrarápida, con aspecto galáctico, de 54 pies de eslora, con 3 motores que suman 1200 HP de potencia, atraca a nuestro lado. Tiene bandera española y su tripulación son un capitán y un marinero jóvenes y simpáticos. Cuando les pregunto por tan extraña embarcación, en un entorno de veleros, me responden que no son sino el “dinghi” de un velero de 54 metros, el Nirvana. Este capricho de tecnología punta, cuya única función es bajar a tierra a los tripulantes del barco, al igual que nuestra zodiac, tiene un coste superior a los 2 millones de euros, frente a los 700 euros de nuestro dinghi. En el mar, como en la tierra y en botica, hay de todo para todo.

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Xirocampos, al sur de Leros

Estando fondeados, en ocasiones se nos ha acercado un dinghi de algún barco conocido para saludarnos o de algún compatriota para conocernos. Lo que nunca me había ocurrido nos ocurrió en Xirocampos (sur de Leros) en esta ocasión. Se nos acercó un bañista, nadando con un pésimo estilo, y me pidió permiso para agarrarse a la popa del barco para descansar antes de regresar de nuevo a la orilla. Obviamente, le respondí afirmativamente. Se acercó y en un balbuceante inglés me dijo que es un refugiado palestino, que llegó en patera hace ya un par de meses, tras dos amargas horas de mar desde Turquía y que está esperando la concesión de su asilo en Bélgica, pero que antes, su mayor deseo es pasar por Barcelona para ver el Camp Nou. Sueña con ese momento. Pobre. Cuando le dije que soy madridista le di un gran disgusto……

En la historia de la humanidad los flujos migratorios han sido una constante, pero nunca representaron un problema para el país receptor, sino más bien al contrario, una aportación de mano de obra entusiasta y con voluntad de integrarse y progresar. Por el contrario, el ahora enorme incontenible flujo de cientos de miles de personas representa un problema muy serio para los países receptores, cuya solución por el momento no somos capaces de vislumbrar. Hasta ahora los movimientos integradores de grandes colectivos no han sido bien absorbidos ni adaptados a la sociedad y han acabado en guetos, fracasos y graves dificultades de convivencia, como demuestran los experimentos más elocuentes, como ha ocurrido en Marsella primero u otros posteriores, como Bruselas, Niza, etc.

Querer es poder. No tengo dudas. Tomando un café en Kos nos atiende una simpática joven griega, que cuando nos oyó hablar se dirigió a nosotros con un perfecto español con acento porteño. Cuando le felicitamos por su excelente dominio de nuestra lengua y le preguntamos dónde la había aprendido no podíamos creer la respuesta: ¡¡era una fanática de las telenovelas en español y viendo culebrones argentinos llegó aprender nuestra lengua!!

Con esto, cierro la penúltima entrada de este año. Buena proa y buenos vientos a todos.

Xirocampo (Leros), 03 de septiembre de 2019.
Autor: José Muro.

Literatura a bordo

Si quieres ver todas las imágenes de nuestras travesías, podéis encontrarlas en nuestra coleción de álbumes.

 

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