De nuevo en la mar, camino al Dodecaneso

De nuevo en la mar, camino al Dodecaneso

De nuevo en la mar, camino al Dodecaneso

Queridos amigos,

Ya estamos de nuevo en la mar, esta vez camino al Dodecaneso. El tiempo vuela y el invierno quedó atrás dando entrada a una primavera que primero asomó tímidamente, desperezándose, para recibirnos en Grecia toda exultante, con sus campos teñidos de colores y deleitándonos con una explosión de vida y belleza.

No se me ocurre mejor manera que dar comienzo a esta nueva aventura de 2019 que mencionando uno de los epitafios que escribió hace un siglo el poeta norteamericano Edgar Lee Master en su Antología del imaginario pueblo Spoon River, libro que llegó a ser el primero y uno de los pocos superventas de poesía.

En la lápida de un tal Georges Gray, en la que aparece un barco anclado en puerto con las velas plegadas, que representa el fracaso de su vida, de su mísera existencia resultado de no haber tenido el valor de salir a navegar a mar abierto y afrontar los riesgos, peligros e incertidumbres de la vida. De este modo trata de decirnos que quedarse al resguardo de un puerto no es suficiente para sentirse vivos y quien recoge velas, aunque no corra riesgos, muere en la inmovilidad.

«El amor se me ofreció y me acobardaron sus desengaños
Los pesares llamaron a mi puerta, pero tuve miedo
La ambición me reclamó, pero me asustaron sus riesgos
Continuamente anhelaba, sin embargo, darle un sentido a mi vida
Ahora sé que debemos desplegar las velas y coger los vientos del destino
A dondequiera que lleven al barco».

La renuncia a afrontar el mar abierto significa en estos versos la renuncia al amor, la renuncia a afrontar desafíos, la renuncia a perseguir aspiraciones y sueños. En definitiva, quiere animarnos a afrontar los gozos y los pesares de la navegación, a vivir la vida intensamente, en su plena acepción, a arriesgarnos, aunque el destino nos depare luces y sombras. Y a ello vamos nosotros de nuevo. Con gran ilusión y entusiasmo.

camino al Dodecaneso
Amanece sobre Hermione

Tras unos días saboreando Atenas en plena Pascua griega, que ha tenido lugar una semana después que nuestra Semana Santa, al seguir los griegos el calendario juliano en lugar del gregoriano, nos despedimos comiendo el domingo de resurrección el típico cordero asado al espeto y los huevos pintado de rojo que no pueden faltar en cada casa y restaurante griego, antes de dirigirnos a nuestro varadero en Koilada, al norte del Peloponeso, a escasas dos horas de la capital.

El retorno a Grecia ha sido como una vuelta a nuestra otra casa, a nuestro mediterráneo, a nuestro particular paraíso, a salir de las rutinas y la presión de la inmediatez de la vida moderna y olvidar las preocupaciones personales y las miserias de la vida política de nuestro país. La vuelta a un territorio donde su historia, su orografía y su cultura han contribuido a generar una sociedad menos regulada, donde el sentido común sustituye a la necesidad de regulación y autoridad manifiesta en una sociedad excesivamente regulada e intervencionista como es la nuestra. Mesura, agradecimiento en sus manifestaciones cuando interactuamos con ellos es lo que sentimos de nuevo.  No apreciamos resentimiento alguno, sino convivencia y aprecio por la libertad.

camino al Dodecaneso
Llegó el momento de la botadura

Después de 6 meses varado en seco, nos sorprende lo bien que encontramos al Fenque. Sin ninguna humedad ni deterioro resaltable. Tan solo encontramos una pequeña fuga de agua en la junta de sellado del eje del rodete a causa de tanto tiempo de inacción y sequedad y tenemos que sustituir la resistencia del calentador de agua por desgaste. Así que nos dedicamos a llevar a cabo el mantenimiento del motor, montamos velas, jarcia de labor, y revisión y colocación de todos los elementos que habíamos recogido para invernar. Toca llevar a cabo una revisión meticulosa y exhaustiva de todos y cada uno de los componentes, instrumentos, aparatos, herrajes, utensilios y partes del barco, comprobando el buen funcionamiento y estado de la jarcia, fondeo, electricidad, elementos de la seguridad y de la navegación, compramos vituallas y reparamos o reponemos algunas cosas que se habían desgastado por el uso y nos ponemos en el agua el primero de mayo.

Durante estas dos primeras semanas hemos navegado por aguas conocidas, para asegurarnos que el barco está en condiciones óptimas de navegación y seguridad, al tiempo que para volver a acostumbrar a nuestros cuerpos al movimiento constante del barco tras tantos meses en tierra. Atracamos en Koiladha primero para seguir después visitando Spetses, Hermione y algunas de las Islas Cícladas (nuestras añoradas Serifos y Amorgós) rumbo al Este, con escala en el fondeadero de Levitha para llegar a las islas de nuestro objetivo para este verano: el Dodecaneso, recalando en primer lugar en el pequeño islote de Arcángelos, donde acabamos de fondear. Una pequeña isla de penas 1 milla de extensión al norte de Leros.

camino al Dodecaneso
Pocos barcos aún surcando el Egeo

El agua de mar aún no supera los 17 grados, fría para disfrutar de los baños habituales en los fondeos, aunque, a cambio, la ventaja de navegar en esta época es que apenas hay turistas, en los puertos pequeños encontramos siempre lugar donde atracar y es un placer hacer excursiones por el campo y pasear por aldeas y pueblos donde solo están los lugareños y muestran su cara más auténtica. Apenas encontramos algún turista. Todo un lujo en estos tiempos.

Estamos en mayo, con temperaturas aún templadas y en consecuencia hay relativamente pocos barcos. Mayoritariamente veleros de nuestra eslora, ocupados por sus propietarios, generalmente parejas de europeos jubilados que pasan muchos meses en la mar. Aunque también hemos sido sorprendidos por flotillas de barcos grandes, repletos de turistas rusos y ucranianos, tan poco corteses como ruidosos, que atracan como elefante en cacharrería, sin importarles si golpean su barco o el de sus vecinos y sin dar ni tomar las amarras de otros que no sean barcos de su flota. Nefasta invasión que, como siga creciendo al ritmo de los últimos años, va a congestionar uno de los últimos paraísos de paz y belleza que quedan por este mundo.

Ya nos vamos de nuevo entrenando con las incidencias propias de estos puertos: el vecino que nos levanta nuestra ancla al zarpar y recoger la suya, ráfagas repentinas que nos obligan a recoger el fondeo y volver a lanzarlo con más cadena para asegurar un agarre firme o  levantar involuntariamente otra cadena al recoger nuestra ancla, que liberamos para podernos zafar gracias a un artilugio griego diseñado ad hoc, ya que por el modo de atracar aquí, habitual con cadena y ancla por proa y amarras a muelle, es muy frecuente el incidente.

camino al Dodecaneso
De paseo por el parque de Hermione

A diferencia del verano, cuando los vientos predominantes son los meltemis del norte, ahora casi a diario soplan vientos del sur que aminoran al anochecer.

Y llegamos a nuestro primer fondeo de esta temporada, en la protegida bahía de Arkangeous, felices de iniciar el descubrimiento de este archipiélago cercano a Turquía, que tiene un pasado peculiar y diferente del resto de las islas que conocimos en anteriores periplos (no se anexionaron a Grecia hasta mediados del siglo XX y estuvieron bajo dominio otomano cerca de 400 años, después de otros 200 años regidos por los caballeros cruzados de San Juan). Qué paz se respira en este lugar donde los relojes se pararon hace muchas décadas. Media docena de veleros fondeados y una antigua taberna regentada por los únicos habitantes de la isla, que con exquisita sencillez y naturalidad nos obsequian con una comida cocinada con mimo y esmero. Que buena gente. ¡Cómo no vamos a estar enamorados de este país!

camino al Dodecaneso
Puerto de Hermione en el Peloponeso

Ahora toca documentarnos, estudiar y preparar la ruta que vamos a seguir y disfrutar de descubrir nuevos lugares, nuevos compañeros de viaje y nuevas sorpresas.

Arkangelos (Dodecaneso Norte), 16 de mayo de 2019.
Autor: José Muro.

Flickr imágenes de nuevo en la mar, camino al Dodecaneso

Si quieres ver todas todas las imágenes de nuevo en la mar, camino al Dodecaneso, entrar en este enlace.

 

4 comentarios

  1. Eduardo dice:

    Precioso e inspirador el texto la vida como la navegación pueden resultar maravillosa si desplegamos velas con valentía y confianza

  2. Liliana Checa dice:

    Es un privilegio queridos Mariela y José emprender esta nueva aventura. No conocía el poema acerca del temor de salir al mar con las velas desplegadas y dispuestos a enfrentar cada nueva aventura que se presente. Las fotos lo dicen todo. Creo que Grecia los ha recibido dispuesta a que conozcan cada vez mejor cada uno de sus rincones y los Dioses del Olimpo están encantados con esta nueva travesía que ahora emprenden! Suerte en cada puerto y seguiremos esperando las entradas al blog con mucha ilusión! Un beso grande para ambos!

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