De puertos y fondeos en las Cícladas. La invasión de la privacidad

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Pelícano mascota de Mikonos - De puertos y fondeos en las Cícladas. La invasión de la privacidad

Seguimos navegando adecuándonos a los caprichos de los vientos, que aquí no son ni fáciles ni flojos. Cuando el meltemi nos lo permite, avanzamos y cuando despliega su poderío, soplando con una intensidad de enloquecer, esperamos en una bahía -protegida del noroeste- a que deje de bramar. A donde el viento favorable nos lleva, allí vamos, sin oponernos, dejando de lado nuestra planificación inicial, tan sencilla de hacer desde un despacho. Y así disfrutamos de lugares imprevistos sin penar por los que dejamos atrás. Es imposible abarcarlo todo. Es la ventaja y la suerte de no tener prisa.

Es hora de hacer un balance de los primeros 100 días de travesia y superado el ecuador. Hasta ahora 52 puertos o fondeos, de los que 40 son nuevos para nosotros. Algo más de 2.000 Millas náuticas en esta travesía desde que dejamos la costa murciana el 15 de abril pasado, que se suman a las casi 20.000 Millas que acumula el Fenque desde que lo botamos en Alicante, en enero de 2007.

 

Paros

En estos días hemos disfrutado de nuevos entornos. Primero por los bellos puertos de Parikia y Naousa, en Paros. Ambos son muy agradables, aunque ya no se parecen a los de esas islas más aisladas que visitamos el pasado mes, sino que acogen turismo de masas (relativo, si comparamos por ejemplo con España), aunque sin llegar a resultar saturadas. El resto de la isla, particularmente los abundantes resorts, típicos de sol y playa de la costa griega, sin ofrecer nada de interés en particular, aunque siempre con una arquitectura integrada, cuidada y amable.

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Fondeados en la bahía de Paros

 

Rinia

Por el contrario la siguiente etapa, una bahía al sur de la pequeña y casi deshabitada Rinia, nos ofrece una naturaleza en estado puro. Cual fue nuestra sorpresa, cuando de una de las escasas cuatro casas que en todo el amplio círculo casi perfecto que conformaba nuestra protegida bahía, vemos descender por un camino de pronunciadísima pendiente un tractor antediluviano, preguntándonos por el motivo de tan arriesgado descenso. Pues en seguido lo supimos. Un orondo campesino que habitaba la casa de la cima de la colina cada día bajaba a la desierta playa a darse un baño. Para después remontar tan empinada cuesta hacía uso de lo que podía; en este caso un viejo tractor, ya que solo con ese vehículo o con una moto de cross podía con tamaña pendiente.

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Aguas trasparentes en Rinia

 

Mikonos

Sobre Mikonos poco hay que comentar. Es la única isla cuya Chora da directamente al mar. No está en una fortaleza en una montaña del interior a refugio de piratas y protegida de vientos, como es lo habitual. Quizás por su inaccesibilidad, a causa de encontrarse, como Amorgós en el canal donde el meltemi se enfurece cada día. Es realmente hermosa y basta con perderse por sus laberínticas callejuelas para percibir su belleza y entender por qué fue la primera que alcanzó fama y se puso de moda, al igual que Ibiza, en su momento, entre las élites, vanguardias y artistas europeos y que posteriormente, a causa del efecto atracción y emulación, se convirtió en masivo centro de llegada de turistas. En las mañanas, sus calles están despejadas y tranquilas, pero por la noche es un hervidero de fiestas, macro discotecas, famosos DJ y postureo. No es precisamente lo que venimos buscando, pero nos gusta observar el mundo y el paisanaje que nos rodea. A mí me recuerda a San Antonio Ibiza: Jovencitas preciosas muy “producidas” y seductoras, gente que le gusta exhibirse, muchos gays musculados, libertinos y gente con ganas de fiesta y diversión. Obviamente las construcciones son hermosas, los yates lujosos, los restaurantes caros (multiplican por tres el precio de cualquier otra isla) y el cielo está permanentemente cruzado por aviones que van y vienen. Otro aspecto de las Cícladas. Evidentemente con estas circunstancias y vientos hostiles, apenas se ve algún velero y casi todos de alquiler local con patrón. No es isla para navegar a vela en verano. Por eso vamos a continuar hacia el oeste, donde no sopla con tanta furia.

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Molinos en Mikonos

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Frente marino de Mikonos

 

Delos

Frente a Mikonos, a escasas dos millas está Delos, uno de los motivos para llegar hasta aquí. Sorprendente pequeñísima isla, con un pasado del que casi ninguna ciudad en el mundo puede presumir. Lugar sagrado, donde nacieron, según la mitología, los dos dioses más importantes de la antigua y legendaria Grecia: Apolo y Artemisa. Dos siglos antes de Cristo, Delos se convirtió en el puerto más importante del mediterráneo oriental, atrayendo a lo más representativo y poderoso de la sociedad de aquel momento. Impresionantes los restos arqueológicos de aquel esplendor. Las ruinas no son las de Pompeya o Palmira, por razones obvias, pero dejan entrever su esplendoroso pasado.

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Delos. Vestigios de su esplendoroso pasado

 

Syros

Nuevos descubrimientos en la isla de Syros. Su capital Ermópolis en el oeste y Finikas en el este. La capital no se parece en nada al resto de las Choras de las Cícladas. En el siglo XIX era el principal puerto de Grecia y la ciudad, compuesta de elegantes mansiones, se extiende alrededor de la natural bahía. Goza incluso de un teatro de la ópera, hecho a semejanza, en pequeño, de la Scala de Milán. Pudimos asistir al ensayo matutino de Carmen, que la representaban al día siguiente de nuestra partida. Acogedora ciudad con aires de capital provinciana.

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Ermópolis, capital de Syros

 

Finikas es un tranquilo puerto, en un fondeadero protegido, donde, tras un calor infernal nos sorprendió un anochecer de fortísimas rachas del noroeste que traían olor a humo, consecuencia de un devastador incendio en los alrededores de Atenas, causante de una enorme tragedia, de la que nos enteramos al día siguiente

Y de aquí regresamos a las Cícladas más ocultas y sorprendentes. A las de la paz y la tranquilidad. Como recibimos a nuestras excelentes amigas de Madrid, Cristina y Pilar, con quienes disfrutamos de unos días maravillosos, decidimos regresar a algunos lugares que nos habían encantado y a seguir descubriendo investigando por los recovecos que antes no tuvimos ocasión de conocer en algunas de las islas más occidentales: Serifos, Sifnos y Kythnos. Sobre ellas ya comenté en anterior crónica, así que tan solo unos apuntes sobre fondeos para los navegantes. Abandonamos la hermosa bahía de Livadhi en Serifos para largar ancla primero en la hermosa Koutala antes de cruzar a una de nuestras favoritas radas: Vathi en Sifnos donde disfrutamos de una divertida cena que  acabó con sorpresa. Estábamos los cuatro concentrados en amena y divertida conversación, compartiendo risas e historias, cuando al cabo de un par de horas, desde la mesa de al lado, donde cenaba una pareja sudafricana, ella se dirigió a nosotros en un correcto español sorprendiéndonos al decirnos que no habían podido evitar escucharnos toda la noche y que no sabía cuál era la relación entre nosotros, pero que sentía en nuestra mesa mucho amor y positivismo, que les contagiábamos. Un piropazo que nos hizo sentirnos aún mejor. Al día siguiente cenamos juntos con ellos y vimos el gran eclipse de luna desde nuestra cubierta, brindando con unos buenos caldos. Él, James, es un “ranger” de los parques sudafricanos y uno de los mejores fotógrafos de naturaleza que he conocido. Os animo a ver sus obras de arte fotográficas en: https://www.instagram.com/jameskydd.

Disfrutamos de unos fondeos en naturaleza pura, playas casi desiertas salpicadas por alguna dispersa y aislada casa blanca y  alguna tabernita a la que bajar con el “dinghi” a cenar. A destacar Fikindha (Sifnos), el puertecito de Gialos para visitar su chora de Apollonia; Faros (Sifnos) y Stefanou en Kithnos. Un paraíso.

¡Esta Grecia no deja de sorprendernos permanentemente! Un país compuesto por miles de islas e islotes, donde casi todo se mueve por mar, donde los ferries son las arterias de su flujo sanguíneo vital, se mueven con una excelente organización, veloces, en un continuo e incesante trasiego, llegando con rapidez a los lugares más remotos. Sorprende que los puertos en general son muy escasos, mal dotados, abandonados y peor administrados. Desde que salimos de Atenas no hemos atracado en ninguna marina que amerite tal nombre. Cuando en lugar de fondear en una rada o bahía y acceder a tierra con nuestra “zodiac”, nos amarramos en alguno de sus puertecitos, cosa que hacemos regularmente por protegernos del temporal, para reponer vituallas, mantenimiento, lavandería, rellenar tanques de agua y gasoil, etc., nos encontramos con todo tipo de sorpresas.

En general son muy pequeños, con muy escasa capacidad para barcos de recreo, ligados a los muelles de los enormes ferries y a los pesqueros, ubicados inmejorablemente. Habitualmente en las Cícladas no es como en el Jónico, donde hay más capacidad y se ven muchos veleros porque las condiciones para navegar en verano allí son las idóneas. Nos cruzamos con muchos ferries pero muy pocos veleros. Algunos puertos tiene agua y electricidad, pero otros carecen hasta de eso. En general son de libre acceso y el sistema de funcionamiento es “el primero que llega se atraca dónde puede”. En general, están gestionados por la municipalidad y hay un “harbour master” que controla, en ocasiones ayuda a atracar y pasa por la tarde a recaudar las tasas (muy bajas por cierto: oscilan en torno a los 5 € de media a los que hay que sumar 10 € si hay agua y electricidad). En algún caso hay guías a muerto al fondo, aunque en general atracamos largando ancla y cadena por proa. En algunos pocos casos están prolijos y cuidados. En muchos otros casos, los viejos y deteriorados argollas o norays están herrumbrosos y tenemos que poner otras amarras afirmadas sobre sendas cadenas de acero que fijamos al punto de amarre para evitar que se rompan los cabos por la fricción con superficies irregulares. Muchas de las argollas están rotas e inservibles para atar un cabo. Para minimizar el efecto de los fuertes tirones que provocan tanto el ir y venir de ferries, como las fuertes rachas del viento, hemos puesto en aquellas amarras de sujeción unos amortiguadores de goma que absorben los impactos.

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Para subir al barco hay que pasar entre las mesas y comensales. Syros

 

La anécdota de este mes se sitúa en Mikonos. Como antes mencionaba, en los puertos aunque haya un responsable oficial, lo más que hace, cuando está, es indicar el lugar sugerido de amarre y echar una mano. Ya veníamos advertidos de un comentario en Navionics sobre este puerto en el que un velero, ante la inminente llegada de un temporal previsto para la noche, trató de amarrar y el “harbour master” les impidió atracar, con la estúpida razón de que si no tenían reserva previa (en Grecia jamás hemos visto reservas previas salvo en las pocas marinas privadas enormes gerenciadas por extranjeros). Pues bien, se nos repitió la historia. Cruzamos la bocana con fuerte oleaje y viento de norte de 25 nudos, dábamos una vuelta de reconocimiento para encontrar un lugar conveniente (había muchos desocupados)  e inmediatamente surgió de la nada el individuo negándonos el amarre, diciendo “Sin reserva no hay lugar”. Inamovible en su absurda determinación. Ante mi insistencia, me sugirió que enviara un SMS y así podría tener lugar para el día siguiente. Kafkiano. Buscamos una bahía cercana abrigada y allí fondeamos. Le envié el mensaje, sin respuesta. Como por la tarde se calmó vinimos a puerto con la zodiac y le busqué ya que al día siguiente al menos necesitaba rellenar los tanques de agua. Seguía habiendo varios puntos disponibles. No hubo manera de cambiar su actitud.

Me dijo que al día siguiente le llamara a las 8 de la mañana y me daría respuesta (eran las 9 de la noche y nada se iba a alterar en tan pocas horas, ¡más sabiendo que no da respuesta a las solicitudes de reserva!). Al fin, al día siguiente nos autorizó la entrada y cuando lo hicimos, en torno a las 10 am nos encaminó a un pantalán donde la mitad de los puestos estaban desocupados. Estas son las cosas de Grecia. Consulté a un amigo de Atenas que conoce muy bien las Cícladas y me dijo textualmente: “Siempre en Mikonos evitamos el puerto y fondeamos en una rada en el sur. El hombre que lo administra es absolutamente idiota” Esto sí que son cacicadas. Habíamos visto manejos, acuerdos de favoritismos hacia los chárter, mamoneos variados, pero este grado de ineficacia que a nadie favorece y a todos perjudica es la primera vez. Para todo hay una primera vez.

En varios puertos nos hemos encontrado con enormes cadenas, ya en desuso, que fueron fijadas con enormes anclas al fondo en el pasado para afianzar los muertos, en las que hay si se engancha nuestra ancla hay alto riesgo de no poder recuperarla. Hemos visto varios casos de tener que cortar con cizalla la cadena y abandonar su ancla. A nosotros se nos enganchó en una ocasión, pero afortunadamente la pudimos recuperar.

También hemos encontrado algún puerto nuevito, pulcro y cuidado y otros muchos con obras de acondicionamiento iniciada, pero inconclusa por la grave crisis que afecta a este bello pero desorganizado país. Por último, es frecuente que los ultrarrápidos y enormes ferries que llevan pasajeros y autos ocupen lugar preferente en los puertos, sin consideración hacia los barcos allí amarrados y su maniobra acelerada, con motores muy potentes, generan un fuerte y molesto oleaje en el amarre. En fin, que en cada puerto uno se encuentra una sorpresa impredecible, es preciso estar muy alerta y observar antes de ubicarse para encontrar lugar seguro, libre de oleaje, asegurarse de que el ancla está firmemente fijada al fondo, vigilar que otros barcos no la levanten al izar la suya y disponer de amarras largas al pantalán. !Que lejos de las marinas, clubs náuticos o puertos deportivos de España, donde todo está organizado, uno llama por VHF, solicita espacio, asistencia y disponen de agua, luz, baños, servicios y lavandería! Esto es más libre, desorganizado, caótico y de supervivencia. A cambio encontramos lugares mágicos, sin contaminación, auténticos, con pueblos inmaculados y unas tabernitas a pie de mar impagables.

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Nuestro toldo para aguantar la violencia del Meltemi

 

Esta es una sociedad donde cada uno se busca la vida como mejor sabe, que no confía en las instituciones ni en el Estado, sino en valores tradicionales y en el entorno cercano, como  la familia, los contactos personales y la solidaridad de los vecinos o colegas ante las dificultades. Esta especie de anarquía y falta de control nos resulta muy satisfactoria, ya que nos hace sentir que somos más dueños de nuestro destino y nuestras vidas, que nos movemos sin vigilancia o autoridad a diferencia de la sociedad cada vez más intervencionista y reguladora en exceso que sufrimos en la mayoría de los países europeos, donde el control del Estado sobre el individuo es asfixiante y creciente.

A diferencia de esta sensación de libertad que sentimos en Grecia, en nuestra organización social estamos sometidos a un control y vigilancia masiva en lo individual, a una invasión de nuestra privacidad, no sólo sobre los “malos”, sobre los delincuentes que preparar atentados o extorsiones, sobre los que se mofan y transgreden la ley, sino sobre todos los ciudadanos. Y quienes se encargan de ello, sean instituciones o empresas, lo justifican diciendo que si no tenemos nada que ocultar no hay de qué preocuparse, pero no es así. Por buenos ciudadanos que seamos y cumplamos con todas las normas y preceptos sociales, hay elementos de nuestra vida que queremos mantener en privado y no que sean conocidos por terceros. No es agradable saberse observado.

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Solo tiene 2.500 años

 

Todos tenemos reservas o secretos que decidimos mantener para uno mismo, o compartirlos con su pareja, con su psicólogo o con su amigo o amiga del alma, pero no tienen por qué ser aireados en las redes sociales. Cuando a los líderes de ciertas empresas o medios que justifican esta invasión se les pide que faciliten la contraseña de acceso a sus cuentas de mail, no sólo a las que llevan su nombre, sino a las que tienen con nicks o nombres ficticios, obviamente lo rechazan, puesto que, a pesar de hacer pública la conveniencia de esta vigilancia para los demás, en cuanto se refiere a ellos, la rechazan. Tampoco son sinceros cuando se les pide que nos cuenten todos sus pensamientos, sin ocultar ninguno.

Los expertos advierten de su temor a que tal como avanza la tecnología, tenemos un futuro inmediato sin privacidad. La cantidad de información de nuestros comportamiento recogida desde las redes sociales, o mediante la observación de nuestras compras por internet, de nuestras visitas a sitios web, de nuestros correos privados y WhatsApp, tratada con modelos matemáticos en diferentes bases de datos, conjugada y contrastada con otras bases de datos, mediante tratamientos sofisticados de “data mining” que el avance tecnológico ha permitido, da como resultado que lo saben todo sobre nosotros, ¡más incluso de lo que sabemos nosotros mismos!

Este modelo de negocio en el sector privado está basado en dar un servicio gratuito a cambio de utilizar los datos de los clientes y ponerlos en valor para empresas o instituciones. El negocio de los datos que registramos en teléfonos, ordenadores, redes sociales, tablets, televisiones, etc., solo en Europa, supera ya los 60.000 millones € al año.

He escuchado recientemente algunos TED y leído algunos informes de especialistas sobre el particular en los que algunos científicos confirman que tienen desarrollados programas que pueden inferir cualidades de un individuo que él mismo desconoce así como su comportamiento previsible, no sólo como usuario y potencial comprador, ¡sino también en temas afectivos o sentimentales, con escaso margen de error! Afirman incluso que pueden llegar a anticipar nuestros pensamientos antes de que los formulemos, en base a nuestro historial de comportamiento previo……La ciencia ficción de las películas más imaginativas ha sido superada por la realidad.

Para manejar y gestionar estos datos hasta ahora se han escudado en que la información recogida y tratada se lleva a cabo a modo de “big data” es decir, de forma agregada, pero está demostrado que también se usa de modo individual, al menos por ahora con propósitos comerciales o electorales. Es habitual que tras una inocente búsqueda por Internet por ejemplo de vuelos a París, empecemos a recibir ofertas de donde cenar en aquella ciudad, o sobre donde están allí las mejores rebajas para comprar productos locales.

El control de la privacidad ya no es ciencia ficción, sino que es un hecho. Es una ilusión el tema de la ley de protección personal, cuando incluso las pantallas de una de las marcas de televisión más conocidas en el mercado pueden grabar las conversaciones que se producen en la sala donde están instaladas, aun estando apagadas, al igual que ocurre con algunos teléfonos móviles. El poder que todo esto otorga a ciertas grandes organizaciones es aterrador y creo que se debería actuar con contundencia, en vez de tanto legislar con estupidez y cortedad de miras. ¡Causa escalofrío imaginar que la Gestapo o la Stasi hubieran contado con la información actual sobre los individuos! En manos de desaprensivos, estamos perdidos.

 

Google+ Cícladas Centrales 2: entre Amorgós y Paros

 

Si queréis ver más fotos de las Cícladas, entrar en este enlace.

 

Stefanou, Kithnos, 1 de agosto de 2018.

Autor: José Muro.

 

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