El Peloponeso norte. La sociedad paternalista

El Peloponeso norte. La sociedad paternalista

Impresionante Epidauros - El Peloponeso norte. La sociedad paternalista

 

Hace unas horas hemos largado el ancla en 4 metros de profundidad, a escasa distancia de las ruinas de la antigua Epidauro. ¡Qué sensación más extraña bucear entre ruinas! Parece que uno pudiera absorber algo de su pasado, al nadar entre sus construcciones, sus enormes ánforas, paredes y pisos aún visibles. Sobre algunos muros aún es posible ponerse de pie, con medio cuerpo fuera del agua. Nos sentimos como que acabamos de descubrirlo.

El entorno, cerrado como un fiordo nórdico, calmado, sin apenas viento, es evocador y ayuda a trasladarse. Más tarde, amarrados en el puertito, dejamos el Fenque y nos vamos al mayor teatro griego hoy conservado, donde, como en Mérida, representan a sus clásicos. La obra es “Edipo en Colona”, continuación de Edipo Rey, de Sófocles. Tenemos la suerte de que se representa en italiano, y podemos seguir sus diálogos. Grandes tragedias humanas, propias de aquella época, que representadas en un lugar como este, nos hacen sentir la majestuosidad del teatro.

Está ubicado en un agradable escenario natural  su forma es de medio círculo alrededor del escenario, con una capacidad para 15.000 espectadores, en filas de piedra perfectamente conservadas. Si fuera una plaza de toros, cerrando completamente el círculo, albergaría a 30.000 espectadores. No hay ninguna plaza de ese tamaño en España y la única que lo supera es la Monumental de México. La audición es espectacular. Dicen que si un actor deja caer una moneda al suelo, incluso en la última fila, se oye con fuerza el chasquido. Doy fe de que escuché a los actores con mejor sonoridad que en cualquier teatro moderno cerrado.

El Peloponeso norte

Cruzando el canal de Agios Thomas

 

Acompañados por Enrique, Mercedes y su hija Clara, que vinieron a pasar el finde desde Atenas con nosotros, hemos regresado a fondear al estrecho de aguas turquesas que se forma entre las islas de Agios Thomas y Tragonisi, a disfrutar de un lugar único y a volver a recoger con facilidad unas cuantas docenas de ostras del fondo, que minutos después, serán nuestro manjar como aperitivo del sábado. Que limpias y frescas. No puedo creer que no haya otro barco en nuestro alrededor. Nos recreamos en un par de fondeaderos más que conocimos recientemente, antes de dejar a nuestros amigos en Palaia Epidauros de regreso a su coche y emprender nueva ruta.

El siguiente destino, en la península de Metana, al norte del Peloponeso, es un puertecito minúsculo, agradable, sencillo, llamado Vathi, como tanto otros en Grecia. Se trata de un reducido refugio donde, al caer el sol al final del día, nos acomodamos hasta 15 veleros, en torno a dos tabernas clásicas, refrescadas por sus techos de parra, los aromas vespertinos de sus jazmines y su música griega de canciones sin fin. Nos gustó.

El Peloponeso norte

En el paseo de Poros

 

Bordeando esta península, llegamos a uno de los destinos turísticos preferidos por los griegos: Poros. Una isla separada del continente por un estrecho canal de escasos 200 metros, con ambiente festivo y veraniego. En su enorme bahía fondean dos centenares de barcos, además de las decenas que estamos amarrados en su largo paseo marítimo, como ocurre en Mahón, Menorca.

Alegre, agitada, colorida, nada tiene que ver con el paisaje de las Cícladas. Su estilo es más coincidente con los pueblos de moda de la costa francesa o italiana. No obstante, conserva su originalidad y su encanto. Por primera vez encontramos varios barcos de españoles, casi todos ellos con muchos años de experiencia en Grecia: los gallegos Ana y Esteban, que tiene una escuela de vela en Coruña y van con un grupo de treinta personas en tres catamaranes, repitiendo año tras año. El divertido Rik, que lleva con su “Telémaco” una decena de años por estos mares, conocedor de la costas griega como pocos y algunos más con los que intercambiamos saludos y comentarios.

La agente municipal al cargo del puerto nos dice que en este pantalán, en esta ocasión, somos mayoría los españoles e italianos. Pura alegría. Seguimos disfrutando de compartir con otros navegantes y de la solidaridad y comunicación vigente en esta comunidad de gente tan diversa, impensable en la vida cotidiana.

El Peloponeso norte

Amarrados en Poros

 

Continuamos nuestro periplo por la populosa Hidra, hermosa, agradable, con vestigios y herencia de su próspero pasado como constructores de buques y transportistas, pero algo abigarrada y congestionada, como su pequeño puerto de incesante actividad, poco recomendable para dejar un velero desatendido. Es el lugar donde todo el mundo quiere estar para ver y ser vistos. Merece a nuestro entender una breve recalada, pero tampoco más. Basta con pasar unas horas.

Tomamos un descanso en Ermioni, puerto tranquilo y agradable, donde conocimos a Alberto, con su velero “Capitán Teach” cuyo blog, junto con el de Ana Capsir, tanto nos inspiró y ayudó a planificar y soñar nuestra primera travesía por Grecia, hace un par de años. Interesante encuentro e interesante personaje. Continuamos camino a Navplion, al fondo del golfo Argólico, y en el camino, frente a la tranquila isla de Spetses (en la que, como en Hidra, no hay coches y el transporte se sigue haciendo en burritos y mulas), encontramos un tramo de costa de particular belleza. Espectacular, sorprendente, alrededor del cabo de Kersonisos Ermionis, particularmente entre Motochi y Cheliu, donde, entre la abundante vegetación, colmada de pinos, cipreses y olivos, en un paisaje parecido a la costa Esmeralda, en Cerdeña, se vislumbran algunas mansiones muy elegantes, lujosas sin ostentación, medio ocultas a la vista, integradas en la vegetación exuberante, donde hacemos algunas breves escalas de fondeo diurno y nocturno, disfrutando de tan especial entorno.

El Peloponeso norte

En el puerto de Hidra

 

He revisado algunos datos interesantes sobre Grecia. Tiene 15.000 km de costa (el doble que España aprox), lo que le convierte en el 12º país con más costa del mundo. Suma 6.000 islas e islotes, de los que solo el 5% están habitados y de estos, escasamente el 1% tiene más de 1.000 habitantes. No hacen falta más datos para mostrar que es un paraíso para los navegantes en busca de islas semi-desiertas en las que encontrar lugares que transmiten paz y que conservan su autenticidad.

Este mes hemos tenido varios incidentes, producto del desgaste y las horas de navegación, inevitables tras tanta exigencia. No han sido graves, pero se han presentado casi simultáneamente, lo que nos ha preocupado. Y en las islas no es fácil encontrar soluciones, así que hemos tenido resolver provisionalmente por nosotros mismos como hemos podido, con alguna consulta a algún amigo más versado. Cada vez tenemos más recursos de autosuficiencia.

El Peloponeso norte

Mulero en Hidra

 

El primero de ellos se trata de una pequeña fuga de aceite en el bloque del motor que no parece grave, queda pendiente y tendrá que ser atendido cuando varemos para invernar. En segundo lugar, como cada año, el mando del molinete del ancla dejó de funcionar, al parecer porque los cables terminan mojándose y sulfatándose. Limpiamos el enchufe por sus dos caras, cortamos un trozo de cable, aprendimos como encontrar las polaridades y de nuevo en orden. Afortunadamente como precaución me instalaron antes de abandonar España un cable directo de respeto que acciona el molinete desde la bañera y pudimos levar los 50 metros de cadena y ancla sin esfuerzo.

En tercer lugar, a causa de la presión excesiva del agua en una torre se nos rompió la válvula de cierre del dispositivo que conecta agua del exterior al sistema de tuberías del barco, por lo que el líquido de los tanques se nos escapaba por esa toma exterior a borbotones. Tuvimos que improvisar un tapón de emergencia en esa toma, que afortunadamente funciona hasta que podamos comprar e instalar otra válvula que impida el retroceso. Finalmente y el mismo día, al levar el ancla en un fondeo, la pieza quita vueltas que une el ancla a la cadena se rompió, con la enorme fortuna de que ocurrió en el momento en que el ancla acababa de encajar en su pescante del púlpito y ahí quedó sujeta. La misma pieza que lleva la segunda ancla es idéntica, así que pudimos sustituirla. Cundo acudimos a comprar la de sustitución nos mostraron que el fabricante exige que se ponga un grillete entre la pieza y la cadena para evitar ese posible desenlace y nuestros técnicos en La Manga no lo habían previsto. Afortunadamente se resolvió sin mayor prejuicio Los elementos son agresivos y el desgaste es inevitable por mucho mantenimiento preventivo que hagamos. Son consecuencia del mar y el viento durante varios meses.

El Peloponeso norte

La belleza está ahí cada tarde

 

Los fondeos nos permiten abstraernos de la cotidiana realidad canalla que nos transmiten cada día las noticias. Una vez más no puedo evitar indignarme, como cada vez que leo un diario o escucho un telediario, cada día más irritantes a causa de las actuaciones y andanzas de esos despreciables personajes que nos gobiernan, carentes de ética y principios, incapaces, sin la mínima formación adecuada y con una ambición desmedida, sin ningún decoro ni vergüenza, valores o escrúpulos, que nos muestran las peores bajezas de la condición humana que es capaz de todo a cambio de poder, fama o dinero. No parece que la sociedad haya avanzado mucho en este sentido en estos últimos dos mil años. Mejor refugiarse en el saber y en la belleza de la literatura y del arte, para huir del lamentable espectáculo de la actualidad política de nuestro país con dudoso futuro. Estamos condenados.

El Peloponeso norte

Belleza acuática

 

Lo más triste es de esta coyuntura que algunos vivimos con perplejidad, tan alejada de nuestras ilusiones y sueños de juventud, es que la sociedad, en España, es acomodaticia y acepta la realidad como inevitable. Eso ayuda a llevar con resignación el día a día, pero cercena la capacidad crítica y el afán de libertad y mejora, consustancial al ser humano. No voy a hacer comentario alguno sobre la coyuntura política tan alarmante que vivimos, porque no aportaría nada nuevo a los excelentes artículos que algunas mentes muy lúcidas escriben cada día en algunos de los periódicos nacionales, pero no puedo evitar referirme con tristeza al adocenamiento imperante, a la perdida continuada de iniciativa, hasta convertirnos en pesebristas, mendigantes, reclamando constantemente a las autoridades que nos resuelvan nuestros problemas, que deberíamos resolver nosotros, incluso el menor incidente que nos surja, como niños de papá malcriados.

¡Qué diferencia con esta Grecia donde nos encontramos, donde nadie espera que el Estado le resuelva nada! Aquí, por no haber, no hay ni salvamento  marítimo. Cualquier problema que surge lo tenemos que resolver por nosotros mismos. Solo puedes esperar ayuda de tus amigos y/o de quien voluntariamente te la quiera prestar. No hay un Estado paternalista. ¡E imaginad en países de colonos y pioneros, como Nueva Zelanda o Australia donde son como Cocodrilo Dundee!

El Peloponeso norte

Nubes surcando los cielos

 

Lo que hoy vi en un telediario es el colmo, en relación con el gasto incontenible de cualquier administración, por pequeña que sea. En alguna playa de la comunidad valenciana, han instalado un sistema de drones porque así los socorristas pueden ver si alguien se ha metido en aguas peligrosas, fuera de su alcance y agilizar el rescate.

Nuestro sistema social convivencia da por sentado que el bañista no es responsable de su acción insensata o temeraria, sino que Estado debe prever y estar equipado para intervenir en ese caso. Cueste lo que cueste, y no cuesta poco. El sistema tiene unos costes elevadísimos, por cierto. ¿Dónde nos va a llevar este comportamiento por ambas partes, administrados y administradores?

Segunda sorpresa. Un esperpento que pareciera sacado de la pluma de Ramón María Del Valle–Inclán llamado “boloencierro”. ¡No daba crédito a lo que escuchaba! Resulta que en un pueblito madrileño, Mataelpino, donde han decidido que quieren correr encierros, pero cuyo presupuesto no les da para comprar toros, han instituido un “encierro” en el que en lugar de toros, en una cuesta abajo lanzan una enorme bola de piedra de doscientos cincuenta kilos ante la que los mozos corren delante, tratando de que no les arrolle. Kafkiano.

El Peloponeso norte

Taxi boats y burro taxis en la misma parada

 

Ha habido heridos muy graves, con traumatismos craneoencefálicos. Y en el tramo del recorrido tienen que instalar unidades médicas de intervención inmediata, equipos de emergencia, ambulancias, etc. Todo esto con cargo al gasto público, sufragado con los impuestos que recaudan de la ciudadanía. Es demente, indecente y surrealista. ¿Nos hemos vuelto locos?

Si nos lo cuentan que ocurre en Corea del norte, pensaríamos que están locos de remate. Cuanto más hablo con neozelandeses, australianos o norteamericanos que nos vamos cruzando en el camino, más les envidio. Ellos saben que tiene que resolver por sí mismos sus problemas e incidencias, como individuos y como sociedad civil, y no reclamar a un Estado paternalista exigencias absurdas que den respuesta a actos individuales irresponsables. Que tristeza ver hacia donde está derivando aquella España aguerrida nuestros antepasados, que tantas gestas acometió.

 

Google+ Por las Argo-Sarónicas ¿Manejamos nuestra voluntad?

 

Si queréis ver más fotos del Peloponeso Norte, entrar en este enlace.

 

Navplión, 1 de septiembre de 2018.

Autor: José Muro.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: