Esos “grandes” pequeños veleros

Esos “grandes” pequeños veleros

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Nos encontramos con los preparativos y ajustes de última hora y estibando todo lo que consideramos necesario para los próximos 6 meses en la mar. Partimos con la ventaja de que ya tenemos la experiencia de  haber estado un año entero navegando y ahora no nos asaltan las dudas que, antes de aquel año, nos suscitaba lo desconocido. No es lo mismo navegar un mes veraniego por Baleares que aventurarse todo un año por mares desconocidos. Ahora ya sabemos a dónde vamos, aunque cada día en la mar, afortunadamente, es novedad.

Una cuestión que siempre aflora cuando conversamos con amigos sobre estas travesías de larga duración, es si el tamaño de nuestro barco es el adecuado o suficiente para aguantar situaciones de mal tiempo. Nosotros nos encontramos bien con el tamaño y la maniobra del Fenque y lo consideramos apropiado, después de haber vivido situaciones muy diversas durante todo un año.

Se trata de un crucero-regata de 10,50 metros, un Dufour 34’’ performance, botado en enero de 2007, excelente navegante, ardiente, ceñidor, divertido y técnico. Lo conocemos a fondo (eso es esencial para un plan como el que vivimos, de largas travesías) tras 10 años navegado con él desde que salió del astillero en La Rochelle. Antes de la primera travesía mediterránea, navegábamos habitualmente en escapadas de fin de semana por la costa del levante español, además de alguna regata de club o de altura y durante el verano, por las islas baleares. Nos gusta su agilidad y versatilidad.

Sé cómo se comporta en diferentes circunstancias de viento y ola y me gusta. Además, no creo que uno deba aventurarse a una travesía de estas características con un barco con el que apenas haya navegado (aunque hemos encontrado a varios capitanes que así lo han hecho). ¡Además, recordemos que hace tan solo 30 años daban la vuelta al mundo, afrontando la ruta más difícil, la que bordea los tres grandes cabos del hemisferio sur, Hornos, Buena Esperanza y Leween, aguantando los rugientes 40”, los aulladores 50” y los bramadores 60”, con barcos más frágiles y de menor eslora!

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En este sentido, acabo de leer una frase, en una revista naútica  norteamericana que, traducida al español, viene a decir lo siguiente: “lo que importa no es el tamaño de un barco, sino el tamaño de tus sueños”, en un artículo que trata sobre  la gran capacidad y versatilidad de los actuales veleros de pequeñas esloras, los “pocket cruisers”, como califica a aquellos barcos de esloras comprendidas entre 21 y 35 pies, en el que podría, en su límite superior, entrar el nuestro .

Frente a la actual tendencia imperante, cada vez más extendida, a navegar en mayores esloras, (siguiendo el dicho popular “caballo grande, ande o no ande”), particularmente, pero no exclusivamente, en el mundo de flotillas de alquiler, donde ya apenas se ven veleros de menos de 40 pies y van ganando terreno las barcos que superan los 50 pies, no está de más recordar que no es necesario tripular una gran eslora para disfrutar del mar, ni para tener mayor seguridad o protección, ni para poder acometer grandes desafíos.

De hecho, no hay que remontarse muy atrás en el tiempo para comprobar que gestas se emprendían con barcos a los que hoy en día muchos navegantes considerarían incapaces  para tales fines. En mi recuerdo de juventud quedan como grandes barcos, tremendos navegantes aquellos “Puma 28”, “Furia 31” o “Fortuna 9”, ¡todos construidos en excelentes astilleros españoles ya inexistentes! Con ellos hicimos nuestras primeras travesías. Viniendo de la vela ligera, con esas esloras y habitabilidad nos parecían grandes yates que nos permitían soñar con singladuras y libertad de navegar en nuevos espacios a explorar.

En 1952, Eric Hiscock y su mujer, en un barco de 30 pies, diseñado por Laurent Giles, fueron precursores de grandes gestas, dando la vuelta al mundo en la que tardaron tres años y se convirtieron en un  modelo a seguir para cumplir sus sueños, para muchos aficionados y amantes de la navegación. En esa misma década, Johnn Guzzwell, con un velero de 21 pies del mismo diseñador, fue el primero en circunnavegar el mundo en  solitario en pequeñas esloras. Le llevó varios años y  su aventura es digna de una novela.

Estos pioneros alimentaron los sueños de muchos otros navegantes que siguiendo su ejemplo, emprendieron su propia aventura de dar la vuelta al mundo en barcos de pequeñas esloras en los años 60, 70 y 80. Un ejemplo aún vivo es el de la joven neoyorquina Tania Aebi, quien, a sus 18 años, convenció a su padre de que en lugar de ingresar en la Universidad, le sería más instructivo para su formación personal navegar sola alrededor del mundo.

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En lugar de pagarle la matrícula de la universidad, su progenitor invirtió el dinero ahorrado para su educación en comprar un velero Folkboat de 26 pies, con el que Tania dedicó dos años de su vida a dar la vuelta completa al globo, acompañada tan solo por su gato. A su finalización escribió un libro “Maiden Voyage” en el que nos narra sus aventuras, que sigue siendo un “best seller” 30 años después, traducido a varios idiomas (no lo he encontrado en español).

Entiendo que cada uno decida siguiendo sus preferencias y  por tanto haya quien apuesta sólo por las grandes esloras, en las que es innegable que se gana en confort y espaciosidad (la seguridad no dependa tanto del tamaño sino de otras características). No tengo nada en contra de las grandes esloras. Muy al contrario; me gusta navegar en todo tipo de veleros y aprecio las cualidades de cada uno. Aunque tengo mis dudas sobre el papel que haya jugado la influencia del marketing, las modas, o el efecto emulación e incluso ostentación. Hay quien la primera pregunta que hace es: ¿cuánto mide tu barco?

Hemos sido  testigos de apuros pasados en algunos de estos barcos en las maniobras de atraque con tripulación reducida o inexperta. Además hay que tener en cuenta la dificultad y exigencias que se les puede presentar la maniobra en circunstancias difíciles sobrevenidas de modo inesperado, particularmente en casos de mal tiempo, cuando tomar rizos para reducir trapo o efectuar una virada, por muchos automatismos que se tenga, puede resultar muy exigente.

Una leyenda aún viva de la navegación oceánica, Sir Robin Knox-Johnston, único navegante que completó en 1968  la primera vuelta al mundo en solitario, sin escalas ni asistencia, en la pionera regata “Sunday Times Golden Globe Race”, con su barco “Suhaili”, un ketch de 32,5 pies (Aquí os muestro una foto del mismo que le acabo de hacer en Porstmouth, a donde acudí por otras razones, como ya os comenté en la anterior entrada). Lo más sorprendente es que “Robin”, como aquí le conocen todos en la marina, ¡sigue saliendo a dar paseos en él con regularidad!  Qué ejemplo de hombre.

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El resto de los integrantes que conformaban aquella flota, hasta nueve en total (ninguno de los cuales, salvo éste, completaría la regata) eran de pequeñas dimensiones, con la excepción de un 66 pies: había tres 30 pies, otros tres 40 pies y un último 42 pies. Y no estamos hablando de navegación costera de día, sino de un recorrido de 40.000 millas náuticas, que atravesaba los tres grandes cabos del hemisferio sur, incluido el temido Cabo de Hornos, soportando las terribles condiciones meteorológicas allí imperantes casi sin excepción.

Todo el resto de la flota o se hundió, o se retiró, con dos excepciones: Donald Crowhurst, quien haciendo trampa, simuló ir avanzando y manteniéndose a la cabeza de la flota, según los detallados envíos de posiciones imaginarias que regularmente reportaba, mientras estaba oculto dando vueltas en el atlántico norte, sin que hubiera certeza de que superara la costa brasileña (hay testimonios de gente que dice que vio que el barco se acercó a la costa en algún punto de la Argentina), hasta que, descubierto su engaño, su barco apareció vacío. No se sabe si se suicidó – se supone que por su ruinosa situación económica que había pretendido embarcándose en esta aventura, sin ser navegante experimentado – o se cayó al mar, pero el hecho cierto es que nunca apareció.

Sobre este caso, se va a estrenar este año, 2018, una película “The Mercy”, con Colin Firth como protagonista.

La segunda excepción la constituyó Bernard Moitessier, quien, yendo en posición de poder alzarse con el triunfo, ya cerca de la línea de meta renunció a la competición cuando en lugar de entrar a meta y regresar al mundo civilizado, desvió su rumbo, siguió navegando, iniciando una segunda vuelta al mundo, sin tocar tierra,  hasta que llegaría a Tahití, para “salvar su alma”, como más tarde el mismo declararía.

Esta primera competición crearía afición por la vela como deporte e historia siendo la precursora de la actual “Vendée Globe”.

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Por cierto, que se va a recrear aquella épica aventura en julio de 2018, fecha conmemorativa del 50 aniversario, en la que se han aceptado tan sólo a 25 barcos similares al Suhaili, de entre 32 y 36 pies, de quilla corrida y sin ningún tipo de aparato electrónico de ayuda moderna a la navegación,  ni ningún otro elemento que originalmente no tuviera aquel barco ganador. Ni siquiera GPS. Navegarán con el sextante, las cartas y las estrellas. No se les permite ni siquiera incorporar tanques adicionales de agua, ni alterar o modificar cualquier elemento de la estructura interior de su diseño original. ¿Cuantos de nosotros seríamos capaces de navegar en estas condiciones en nuestros mares? No deja de ser romántico y de estimular nuestro instinto de aventura. ¡Buenos vientos acojan a estos intrépidos capitanes!

 

Murcia, 2 de abril de 2018.

José Muro.

 

2 comentarios

  1. Liliana Checa dice:

    Estupenda crónica de intrépidos aventureros de mar, como uds. De esos que no le tienen temor al peligro, que no pretenden competir para ganar sino para vivir la experiencia. Que no buscan engañar al radar como el Capitán o que tienen límites y no deciden acometer locuras como el navegante que quiso seguir a la Polinesia.
    Tienen una nueva historia que contar para sus lectores y la esperamos desde la salida De Murcia con el Fenque que está preparado para enfrenar con sus tripulantes a bordo todos los desafíos del Mediterráneo!
    Mucha suerte a ambos en esta nueva travesía que ya se va volviendo una costumbre y un privilegio de la vida, el de poder tomarse seis meses para estar juntos, enfrentar los retos del mar, leer, conversar y estar ajeno del mundo cotidiano ante la inmensidad y belleza del Mediterráneo.

    • Proa Itaca dice:

      Muchas gracias por tu generoso comentario. En efecto, trataremos de disfrutar cada día en la mar como un regalo y de contaros nuestras aventuras para que viajéis con nosotros. Abrazos!

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