Islas Baleares: cambio de planes y nueva ruta

Islas Baleares: cambio de planes y nueva ruta

Islas Baleares cambio de planes y nueva ruta - Islas Baleares: cambio de planes y nueva ruta

 

La situación meteorológica de este mes, tan incierta y cambiante como impropia de la época, nos ha obligado a cambiar nuestros planes en varias ocasiones y finalmente optar por lo que nos ha permitido, más que por lo que hubiéramos querido o habíamos elegido.

Más adelante os detallaré la ruta seguida y los pormenores de la misma, así como los prometidos lugares favoritos en Baleares, pero antes quiero compartir una reflexión sobre “la elección” y sobre cómo tomamos decisiones, originada por ese impuesto cambio de planes.

¿Por qué elegimos esta ruta y estas etapas, frente a las incontables alternativas posibles? La elección de una ruta, como cualquier elección en la vida, es un proceso complejo en el que se analizan las diferentes alternativas posibles, se valoran los pros y contras de cada lugar, el atractivo que nos despiertan, los sueños que nos suscitan, para acabar optando por unos lugares, frente a muchos otros. El resultado es que la “elegida”, contrariamente a lo que algunos pretenden, no necesariamente es “la mejor”, sino que es la que más se ajusta a nuestras preferencias, a nuestros gustos o a nuestros deseos. No siempre es una decisión racional, ni mucho menos, sino que la intuición y la experiencia juegan en muchos casos un papel determinante.

En el caso de elecciones relativamente fáciles, como es éste el caso, en que se trata de decidir a qué ciudades queremos ir, que lugares nos gustaría visitar, por donde nos apetece pasear o en que puertos preferimos amarrar, aún somos más osados que en las decisiones más trascendentes. No obstante, para ser lo más eficaces posibles, se requieren horas de dedicación y trabajo. Tener claras las preferencias personales, las motivaciones o los gustos es un requisito “sine qua non” para acertar, ya que las opciones son interminables y el tiempo del que disponemos es muy acotado. En nuestro caso, conjugamos varios factores, como son la belleza del entorno, la amigabilidad del puerto, el interés turístico de la ciudad o pueblo, la distancia desde el amarre anterior, o los vestigios de arte e historia que pueda tener el lugar. Hay muchas alternativas interesantes posibles, pero hay que optar.

Ventanas corsas

 

Obviamente las decisiones “más trascendentes”, como qué profesión quiero ejercer, a quien elijo como pareja, en que ciudad y tipo de casa quiero habitar o a qué dedico mi tiempo libre, son mucho más difíciles, ya que no se trata de buscar la “mejor” opción, sino la que a mí en concreto me va a reportar mayor felicidad

Normalmente, en nuestra cobardía habitual, no optamos por la alternativa que más nos atrae, sino por la que es más segura, desde una posición conservadora y renuente al riesgo. Probablemente este sea el mayor error que nos conduce a insatisfacciones posteriores. La tendencia natural a minimizar riesgos nos hace renunciar a lo desconocido, a la aventura, a la emoción. En otras palabras, la falta de coraje nos impide lograr aquello que nos gustaría hacer o ser. Y nos lleva  frustraciones posteriores. En las elecciones difíciles, no hay razones objetivas que nos ayuden a racionalizar la toma de la mejor decisión. Por el contrario, se trata de actuar con sinceridad y preguntarse qué tipo de persona soy y que me hace más feliz.

Si hubiera mejores y peores alternativas, bajo criterios objetivos, el proceso de elección, sería mucho más fácil decidir, ya que bastaría con puntuar a las diferentes variables o componentes en una escala decimal y, en consecuencia, escoger aquella que sumara más puntos. Pero no es así, sino que se trata, en general, de alternativas no comparables y completamente subjetivas.

Siento que no hay que permitir que el miedo o la facilidad para alcanzar una meta condicione nuestra decisión, sino que ésta debería venir siendo tomada con libertad y valor, lo que requiere de un ejercicio de introspección sincera y audaz.

Hacia Cerdeña

 

Nos ha tocado vivir en un momento de desarrollo industrial y tecnológico en el que la toma de cualquier decisión se convierte en toda una tarea que tiene un elevadísimo coste de oportunidad. Vivimos bajo la creencia generalizada de que cuantas más opciones para elegir tenemos, más aumenta nuestro grado de libertad y, en consecuencia, más felices podemos ser. Pero no necesariamente esta sencilla fórmula es cierta. Hace unos pocos días leía un experimento sobre el comportamiento del consumidor en Estados Unidos, en el que se sostenía que la abrumadora variedad de oferta en productos de consumo confundía al comprador y llegaba paralizarle y generarle zozobra. Un departamento universitario de marketing llevó a cabo un experimento en el que en un supermercado daban a degustar diferentes muestras de mermeladas. Cuando en la muestra ofrecían al consumidor seis gustos diferentes, la mayoría se decidía por uno de ellos y el 30% de los degustadores compró el producto. Cuando la muestra se elevó a 30 variedades diferentes, casi nadie era capaz de seleccionar su preferido y tan sólo el 10% efectuó una compra. Más no es mejor.

Cuando el número de opciones sobrepasa cierto nivel (lo cual es bastante habitual en nuestra sociedad de la abundancia y consumista) parece que el efecto es el contrario al supuesto, ya que ese exceso dificulta la elección. El tiempo que hay que dedicar a conocer y valorar todas y cada una de las diferentes opciones que se nos presentan es excesivo. Además como los productos son tan similares, inevitablemente nos asalta la duda de si estaremos tomando la decisión más correcta; si tenemos la información suficiente para elegir adecuadamente; si elegimos la mejor opción o si, por el contrario, estamos dejando pasar la mejor alternativa.

Bicicleta sarda

 

Pero, volvamos a nuestra ruta, que es la esencia de esta crónica. Nuestra intención original era dirigirnos de Castellón a las islas Columbretes y de allí, al extremo suroriental de Mallorca, Andratx, para continuar, con escalas en Palma y en alguno de los puertos de la costa oriental, hacia Mahón en Menorca, desde donde nos hubiera gustado dar el salto al sur de Cerdeña. La situación de viento y ola de mar de fondo (por encima de lo pronosticado) que nos vapuleaba hasta agotarnos, nos obligó a modificar este plan inicial para dirigirnos más al sur, a San Antonio Ibiza, para volver a subir después a Mallorca. En la ruta nos encontramos varios cargueros y ferries que en varias ocasiones teníamos rumbos de colisión y nos obligaron a alterar rumbo para evitar abordajes. Posteriormente tampoco pudimos llegar a Mahón a causa del oleaje generado por el temporal que llegaba del golfo de León y decidimos dar el salto desde Porto Colom a Carloforte en Cerdeña, que nos obligó a una etapa más larga, de 36 horas sin escalas ni posible refugio y por tanto más exigente, para una tripulación de tan solo dos personas.

Afortunadamente la travesía resultó cómoda y sin problemas. La sensación de regresar a Italia no pudo ser más agradable. De nuevo sentimos su alegría de vivir, su vivacidad, alegría y vitalidad. Nos hace sentir muy bien. Por Cerdeña en esta ocasión pasamos por el sur sin apenas parar, salvo para descansar y pasear por la medieval y marinera Cagliari, espectacular capital de la isla. A quien esté interesado en las costas de esta isla por el norte, le remito al capítulo 3.2 de nuestro libro (Estrecho de Bonifacio y Cerdeña) que trata sobre nuestro paso por allí.

El segundo salto nos llevó a la pasional y atrapadora Sicilia. En esta ocasión la bordeamos por su costa norte. Nos atrapó Erice, el medieval pueblo sobre Trapani, primera escala. Tras una breve recalada en el pintoresco San Vito lo Capo, balneario con aguas turquesas y construcciones muy similares a las tunecinas acabamos de amarrar en su capital Palermo, que estamos deseosos de descubrir.

 

Islas Baleares: nuestras recomendaciones

Para aquellos que penséis en navegar por las Baleares, os recomendamos dar la vuelta completa a las cuatro islas mayores para disfrutar de sus diferentes paisajes y aguas, con fondeos muy plácidos y puertos con pueblitos muy auténticos. A continuación, os damos algunas de nuestras preferencias:

 

Ibiza y Formentera

En Ibiza, los puertos de Ibiza Magna en la capital y Náutico de San Antonio en esta ciudad. Fondear o encapillarse a boyas, según el viento dominante, en Cala Compta, Cala Salada y Cala Portinatx. En Formentera fondeo en las Playa de Espalmador,  Saona, e Illetas.

Ibiza - Ibiza desde lo alto

Ibiza – Ibiza desde lo alto

Ibiza - Rada de San Antonio

Ibiza – Rada de San Antonio

Ibiza - Llaut

Ibiza – Llaut

Formentera

Formentera

Mallorca y Cabrera

En Mallorca, su cara noroeste, dominada por la abrupta sierra de la Tramontana, con torrentes, quebradas y profundos acantilados de aguas añiles, es muy opuesta al resto de sus costas,  suaves, con largas  playas y calas  de aguas turquesas. En sentido contrario a las agujas del reloj y partiendo del club de vela de la bahía de Andratx (pantalán o boyas) parada obligada en el Club Naútico de Palma de Mallorca. A veinticinco millas al sureste está la playa de Estrenc. Una maravilla de aguas turquesas para fondear. Al sur de esa playa está la isla de Cabrera cuya cerrada y natural bahía está protegida de  todos los vientos. Impresionante. Tiene boyas para encapillarse al borneo. Otra joya. Tan solo quince millas al nordeste está Cala Figuera de Santaní. Un puerto espectacular donde solo caben cinco barcos, a cuya espalda están los cuatro pesqueros a quienes se puede comprar marisco cuando regresan de faenar cada tarde. Unos pocos km al interior está el precioso pueblo medieval de Santaní.

Siguiendo rumbo nordeste se suceden preciosas calas: Porto Petro, Cala D`Or y Porto Colón. Otra bahía profunda, cerrada a todos los vientos. Todos ellos cuentan con   boyas de amarre,  además de pantalanes. Superando el cabo Freu, se accede a la bahía de Pollensa, en la que hay puerto y también se puede fondear con ancla en una preciosa bahía, frente a punta avanzada. Desde ambas se llega en pocos km al precioso pueblo de piedra de Alcudia. Hay puertos  intermedios alternativos si la meteo es desfavorable. Superando el cabo Formentor, se inicia la costa noroeste donde se encuentra la profunda cala de la Calobra, el puerto y pueblo de Soller y las cercanas y famosas villas del interior de Valldemosa y Deiá.

Mallorca - Porto Colom

Mallorca – Porto Colom

Mallorca - Palma

Mallorca – Palma

Mallorca - Llauts en Porto Colom

Mallorca – Llauts en Porto Colom

Cabrera

Cabrera

Menorca

Por último, la más oriental y natural de todas, Menorca, “la roca”, como la llaman los lugareños, atesora una naturaleza muy preservada y un legado cultural envidiable, de la prehistoria y de las más recientes ocupaciones británica o francesa. Los tres puertos de Mahón, Ciudadela y Fornells son de obligada parada, así como las calas de Algayarens y Es Grau en el norte y Macarella y Binibeca en el sur. Menorca es una isla mágica que no deja indiferente a nadie y que goza de una tranquilidad sorprendente, en contraste con la abigarrada costa española en los meses estivales.

Menorca - Ciudadela

Menorca – Ciudadela

Menorca - Playa de Es Grau

Menorca – Playa de Es Grau

Menorca - Mahón

Menorca – Mahón

 

Fotos Travesía 2018 - Islas Baleares: cambio de planes y nueva ruta

 

Si queréis ver más fotos de las Islas Baleares, sur de Cerdeña y noroeste de Sicilia, entrar en este enlace.

 

Palermo, 16 de mayo de 2018.

Autor: José Muro.

 

2 comentarios

  1. Liliana Checa dice:

    Como siempre Proa Itaca nos deja con esta nueva entrega un sabor a sentir que de alguna manera, a través de esta crónica estamos viviendo también la aventura.

    Yo no llamaría cobardía a no enfrentar retos cuyas consecuencias no podemos venir, sino más bien coraje a saber tomar las decisiones correctas en el momento adecuado. Eso es lo que han hecho nuestros navegantes y eso es más bien valentía. El mar es inconmensurable y su furia, también, impredecible y no se trata de convertir esta pasión por navegar en una aventura como la de Ulises, sometido al castigo de Poseidón. Si él hubiera podido elegir desde luego habría llegado a Itaca más pronto y Penelope no hubiera tenido que tejer y destejer su telar aguardándolo con la fe que volvería. Por eso, cambiar de rumbo, al final, es la mejor decisión si el mar así lo decide. Finalmente, todos los caminos llegan a Roma y ahora habiendo hecho lo que era necesario hacer, será más fácil llegar al destino previsto. Aguardamos con ilusión la nueva crónica que ya nos llevará a la tierra de Ulises.

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