Por las Argo-Sarónicas. ¿Manejamos nuestra voluntad?

Por las Argo-Sarónicas. ¿Manejamos nuestra voluntad?

Por la noche nos hace soñar fondeados a sus pies - Por las Argo-Sarónicas. ¿Manejamos nuestra voluntad?

 

Grecia es inabarcable. Sorprendente, inmensa en matices. En estos últimos días, como en botica, ha habido de todo y hemos tenido que seguir cambiando de planes, en ocasiones. Por la imponderable exigencia de la meteo. Queremos disfrutar del viaje, sin ir contra los elementos y aplicamos la sensatez y la flexibilidad para modificar cuando sea necesario cualquier plan previo, sin obstinarnos, con mucha  cintura. Tenemos la certeza de que encontraremos siempre lugares de interés y preciosos, así que no nos empeñamos en un objetivo inamovible.

Comenzamos la quincena con unos días sorprendentemente tranquilos en nuestra despedida de las Cícladas, desde la espectacular bahía de Vathi, en Sifnos, hacia el protegido y nuevecito puerto de Gialos, desde el que pudimos visitar la cercana chora de Apollonia, linda, como todas, más comercial y con más turismo que las preferidas por nosotros. A quien se mueva por aquí en barco le aconsejamos no perderse las bahías de Faros en esa misma isla; Avesalou en el este de Serifos y Stefanou en la costa oriental de Kithnos. Tras varios días de fondeos a la luz de la luna, en esta última isla repetimos el puertecito amable de Merikha donde aguantamos y sufrimos los embates del meltemi más duro. A pesar de estar en puerto, sus fuertes y recurrentes ráfagas, además de descoser gran parte del bimini, nos rompieron la primera noche un spring y el amortiguador de una amarra de popa ¡Menos mal que las habíamos puesto dobles y con cadena de acero a la anilla herrumbrosa del muelle!

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Bahía de Faros, en Sifnos

 

Remontamos norte cuando cae un poco la tarde buscando un rumbo con un ángulo de al menos 30º- 35º respecto a la dirección del viento, que permita que las velas porten y podamos tomar las olas con menos rociones y pantocazos. Pudimos ganar barlovento y llegar, ya en la noche, a la bahía del cabo Sounion, bajo su templo iluminado, que hace mágico este peculiar fondeo. En este cabo se sitúa una línea imaginaria divisoria entre el meltemi innavegable al este (Gale 8 Beaufort) y el tolerable (fuerza 4 a 6) al oeste.

Nos hubiera gustado seguir hacia el norte por el canal de Eubea para alcanzar en unos días las Esporadas, si el viento lo hubiese permitido. Lo intentamos y no pudo ser. El viento se intensificó y nos obligó a retroceder tras dos horas de lucha. No tenía sentido poner en riesgo de rotura al Fenque, además de la dureza de la navegación exigente contra el viento. Optamos por descender al golfo Argosarónico, donde trataremos de conocer  sus islas e islotes y la costa más septentrional del Peloponeso. Hay tantos lugares hermosos que es imposible abarcarlos todos. Da igual el rumbo. Además son muy diferentes unas islas a otras. Aunque se trata de un solo país, al ser isleño las diferencias se acentúan. ¡Hemos perdido la costumbre de ver luces en el horizonte en la noche y no puedo negar que es agradable la sensación de sentir de nuevo la civilización, con sus luces y sus sombras!

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Me recuerda a la escena del padrino en que asesinan a Fredo

 

Entre los encuentros curiosos a resaltar dos. El pastor alemán Kai, con su mujer y sus dos hijos adolescentes. Es un hombre súper simpático, con gestos, expresiones y ademanes de seductor, vestido como un dandi, canchero. Más parece un ejecutivo de marketing que un pastor protestante de Lubeck en la frontera entre las dos Alemanias. Tienen un velero en Bagenkop, Dinamarca y han hecho el esfuerzo de venir a Grecia y alquilar uno aquí para navegar en el mediterráneo. Estaban felices. Les advertimos de las dificultades de las Cícladas. Lástima. Más tarde nos escribió diciendo que un par de días después de conocernos, fueron a Serifos donde les encaró un temporal y otro barco les hizo daños. Además en esas condiciones nos se atrevían a encarar norte hacia Atenas a devolverlo, así que regresaron en ferry y que un skipper profesional lo traiga de regreso.

El segundo caso se trata de una adorable pareja de treintañeros neozelandeses, Simon y Michelle, que con dos niños, de muy pocos años, llevan dos años navegando por el mediterráneo. Me encantan los kiwis. Son como los antiguos colonos: Austeros, colaboradores, sanos, siempre dispuestos a echar una mano a los vecinos. Respetuosos con la naturaleza, entusiastas de la vida, que saben combinar el trabajo, el ocio y el deporte. Nos dan muchas indicaciones interesantes para cuando vayamos a navegar por su país, uno de los más agraciados del mundo.

La marca negativa la siguen ostentando los rusos. Generalmente son muchos en cada barco, siempre maleducados, rudos, sin dar cara ni siquiera para saludar. Se nos han echado encima en alguna ocasión, obligándome a gritarles para detener su maniobra y en otra, al regresar al barco, me encuentro con que habían movido mis amarras y ni siquiera nos saludan o dan explicaciones. El problema es que cada vez son más los que vienen y alquilan barcos aquí. Diferentes a todos los demás navegantes, por lo general amables, sonrientes y siempre colaboradores.

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Alcanzando el cabo Sunion con algún roción

 

Acostumbrados durante los dos últimos meses al yermo y austero paisaje de las Cícladas y a su soledad, nos sorprende la algarabía, tumulto y movimiento de estas islas cercanas a Atenas, así como su frondosa vegetación por contraste, al estar plagadas de pinares, cipreses y olivos. Pronto nos acostumbramos a la nueva situación.

Nuestra primera aproximación nos acerca al pequeño puerto de Perdika en el sur de Aegina, pero no nos agrada. Mucho chiringuito y saturación en tierra y agua, así que nos encaminamos a la pequeña isla cercana de Moni, con laderas de verdes pinares y aguas turquesas. Si bien durante el día hay mucho “day trip” barco de alquiler, como era de esperar, al ponerse el sol desaparecen y tan solo quedamos tres barcos a pernoctar. Una delicia de lugar.

Ya en el puerto de Aegina, volvemos a la lucha por encontrar un lugar. Tuvimos suerte de encontrar un amarre en la cabeza de pantalán, tan visible que no parecía un amarre (el único disponible, y no era fácil verlo ya que otro barco que entró justo delante lo ignoró y gracias a su impericia pudimos atracar). Ocasión para reponer todo lo necesario, tras dos semanas sin lavandería o supermercado. Era el momento de estar en un lugar más transitado y hacer acopio. A lo largo del día se suceden los barcos que entran al puerto en busca de un lugar inexistente, y tras dar vueltas y vueltas esperando que alguien se vaya, finalmente desisten y se van a fondear afuera. Estamos muy cerca de Atenas, el viento es manejable e inevitablemente la concentración de barcos es mayor. Tendremos que acostumbrarnos a la nueva realidad, tan distinta.

Hay una anécdota divertida sobre como algunos griegos cuentan los días de estancia. Ya viví este singular episodio en Mikonos, pero achaqué el erróneo cómputo a la estulticia y estupidez del individuo en cuestión que era mi interlocutor, pero aquí se repite la historia. Traté de convencerles, en ambos casos, de su contabilidad errónea, pero no lo conseguí y como se trataba de escasos 6 €, decidí que no valía la pena dedicar un minuto más a tan absurda discusión. Pues bien, resulta que si entramos en un puerto a las 12 h del mediodía de un día y nos vamos antes de cumplir las cuarenta y ocho horas, en cualquier hotel o puerto del mundo pagamos dos noches. ¡Pues aquí no son dos, sino tres! ¡El día 1º en que llegamos, el día 2º y por último, el día 3º, en que nos vamos a las 9 h de la mañana, lo cuentan como otro día más! Mi capacidad de convicción y razonamiento no pudo con su tozudez. Son tres días, porque según ellos no cuentan las noches sino los días en que estás, aunque sean unas pocas horas, sin completar ciclos racionales de check in and check out… ¡Tantos años viajando no me habían servido para aprender cómputo griego! A ello le añadimos la burocracia empleada para un pago de tan solo 6 euros, el tiempo mío y suyo aplicado (más de 10 cada día) y el derroche de medios y personal  para rellenar enormes recibos, el resultado es imaginable.

Otra sorpresa me la llevé en una revisión rutinaria al amanecer, que empezó a refrescar y me asomé a echar un vistazo. Como decía, estábamos a la cabeza de un pantalán que acababa donde comenzaba perpendicular a nosotros un muelle en el que atracaba un enorme carguero. Me sorprendió por su escaso francobordo, a pesar de su eslora superior a 50 metros cuando menos. Pues bien, cuando llegó por la noche, sus enormes amarras estaban en altura con las nuestras. Al amanecer su francobordo había subido más de 3 metros y sus amarras rozaban peligrosamente nuestro bimini. No lograba entender que ocurría, pues si la marea sube, lo hace para todos.  Iba  a tener que irme de allí cuando sonaron sus motores anunciando su partida, así que pude permanecer sin riesgo.  Pregunté al “harbour master” sobre el barco y con su respuesta entendí lo que había ocurrido. Resulta que la escasez de agua de la isla hace que cada día vengan varios buques cisterna de agua a verter aquí sus tanques en el depósito municipal y este es su punto de atraque. ¡Al vaciar toda su carga y aliviarlo de miles de toneladas, su línea de flotación sube varios metros!

Volviendo a la ruta, de la veraniega Aegina donde hicimos muchos amigos en su divertido puerto (aunque exigente porque es muy mal tenedero y tuvimos que levantar el ancla en varias ocasiones) al estilo de los pueblos costeros de España nos fuimos rumbo suroeste para encontrar varias joyas imprevisibles tan cerca de la capital. La costa oriental del islote de Metopi, tiene una fondeadero de ensueño para pasar el día, “Carrabean beach”, con escasamente media docena de veleros y unas aguas turquesas de película.

Más al sur toda la costa de la pequeña isla de Agkistri es virginal. Leemos que es una minúscula isla, antes habitada por albaneses y ahora descubierta por los alemanes, quienes han adquirido y reformado la casi totalidad de sus escasas viviendas, hasta convertirla en un pequeño feudo-paraíso. La bahía adyacente a su cabo suroccidental, frente al islote de Dorousa es espectacular. Nos hubieramos quedado más días, sin duda. Pocos barcos y pinares hasta la orilla.

Siguiendo indicaciones de algunos de los amigos de Aegina continuamos a la isla de Agios Thomas, donde sorprendentemente, en un entorno absolutamente caribeño, no había ningún otro barco. ¡Increíble a solo 21 millas de Atenas, cuando en los puertos cercanos, atestados, hay empujones por lograr un lugar! Pensábamos fondear solo para un baño y nos quedamos a pasar la noche. Es fácil recoger ostras frescas porque hay miles en el fondo a menos de dos metros. ¡Las veréis en las fotos!

De allí a la primera parada de la costa del Peloponeso, a la protegida bahía de Korfos, donde hay un par de tabernas clásicas a pasar la noche. .Nuestro próximo destino será Epidouros, donde tenemos entradas para acudir con unos amigos a una representación de Sófocles, en el teatro más grande y mejor conservado de la antigüedad, pero eso queda para la siguiente crónica.

En algunos ratos libres he aprovechado para conectarme más con el ordenador para comprar los pasajes aéreos de regreso, reservar hoteles y hacer algunas compras por internet, un nuevo Kindle y algunos libros, revisar cuentas bancarias, escribir algunos mails laborales y personales, etc., etc.

Estoy atónito al comprobar cómo cada vez que me conecto frente al ordenador o teléfono, el bombardeo para captar nuestro tiempo y atención es mayor e incesante. Las políticas de marketing y ventas tan sofisticadas con los medios tecnológicos actuales, tratan con mayor habilidad de captar y retener nuestra atención permanentemente, secuestrando nuestro tiempo.

Los diseñadores de las grandes compañías como Youtube, Facebook o Google, tratan de que pasemos más tiempo en ellas, , intentan maximizar nuestra permanencia; mantenernos on line, de modo que no abandonemos, que les dediquemos nuestro tiempo a ellos. Tendríamos que pensar en un juramento hipocrático también para ellos.

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Fondeados en le islote de Moni a pasar la noche

 

La simple conexión a Youtube para ver un video, cuando este se acaba te inicia automáticamente otro relacionado, que tras la investigación sobre nuestras decisiones previas musicales consideran, que satisface nuestros gustos. De igual modo, tras una búsqueda de alojamiento en uno de los buscadores al uso, estás perdido como leas la cantidad de mails recibidos con “ofertas especiales personalizadas” que consumen tu tiempo. ¡Como tratan de manipular nuestras decisiones, secuestrando nuestro pensamiento de una decisión libre, orientando nuestro proceder, haciéndonos creer que somos consumidores soberanos. Y que somos nosotros quienes tomamos la correcta decisión!!! Ingenuo consumidor!!!

Sin apenas darnos cuenta dedicamos muchos minutos a mirar “ventanas emergentes”, notificaciones, sugerencias, mensajes o correos no deseados. Parece que en lugar de ayudarnos a manejar nuestro tiempo, nos lo robaran (además de la pérdida de concentración que significa en una tarea, que según los expertos cada interrupción que nos hacen en nuestra concentración por un mail, etc. requiere nuevamente de 23 minutos para alcanzar el nivel de concentración previo).

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Buena compañía junto a amigos

 

Es preciso ser consciente de este intento de atraer nuestro interés para poder reaccionar. Como ejemplo puedo decir que yo no suelo hacer caso de mucho de estos reclamos, per o inevitablemente caigo en alguna tentación .Por ejemplo, cada vez que compro algún libro en Amazon me envían unos días después un mail informándome de que otros libros han comprado otras personas que compraron el mismo que yo que otros libros del mismo estilo o autor me pueden interesar. Y pico, caigo en la trampa. Saben que es un tema que me interesa y usan mi debilidad para venderme algo más…. dedico al menos 15 minutos a husmear por estos libros dejando lo que estaba haciendo. Es decir, sucumbo a sus deseos y soy vulnerable. Su manejo ha sido exitoso. Incluso compro en ocasiones……

 

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Si queréis ver más fotos de las Argo-Sarónicas, entrar en este enlace.

 

Korfos, 16 de agosto de 2018.

Autor: José Muro.

 

2 comentarios

  1. Liliana Checa dice:

    El relato que hace José Muro en su última crónica de ProaItaca nos hace viajar con ellos por el tiempo y vivir la experiencia maravillosa de recorrer Grecia en su propio barco, relatando las anécdotas que enriquecen el viaje. Sin duda viajar en velero en un placer pero hay que ser un experto navegante como lo son el y Mariela, para poder enfrentar los caprichos de Poseidón.También es interesante descubrir lo que pasa en el recorrido, el cambio de ruta, los amigos que van haciendo, los que lo seguirán siendo y los que no. Les queda ahora Turquía y sin duda tendrán más historias que compartir con sus ávidos lectores.

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