Primeras impresiones del Dodecaneso

Primeras impresiones del Dodecaneso

Primeras impresiones del Dodecaneso

Nuestra primera etapa en el Dodecaneso transcurre fondeados en la protegida bahía de Arkangelos, ínfima islita de apenas una milla de extensión frente a Leros documentándonos sobre el archipiélago, disfrutando de la lectura y preparando una ruta apetecible que nos hace disfrutar tanto de la preparación, como luego de las vivencias. Casi cerrado a todos los vientos, es un fondeadero natural impresionante. Un pequeño embarcadero permite acceder a tierra donde hay una rústica taberna, regentada por la única familia que vive en el islote, Gorkos y Europa, mayores, jubilados de sus respectivos trabajos, amables y familiares.

No hay día en que no encontremos algo que nos asombre. Tenía que renovar el permiso de navegar en aguas griegas antes de finalizar el mes, así que en el puertecito de Aigialis, en la isla de Amorgós, me dirigí al pequeño puesto de policía portuaria para tramitar la renovación. Se trataba de una pequeñísima oficina que estaba cerrada y en su puerta ponía un número de teléfono al que llamé, sin obtener respuesta.

Como en la casa contigua había un viejecito, de nombre Ianis, pintando la fachada de su establecimiento, me dirigí a él para averiguar el horario o si él sabía cuándo el responsable regresaría. Le llamó por teléfono, hablaron en griego y después, en un correctísimo inglés, me informó, con cara de pícaro, de que el policía estaba ocupado en placeres carnales con su amante francesa y que esperaba venir a la oficina en torno a las 4 de la tarde.

Acto seguido me preguntó por mi nacionalidad y cuando le respondí que era español, me espetó en correcto castellano, como en el chiste del alcalde de Lepe con acento portorriqueño: ¡y que hacemos tu y yo hablando en inglés! Divertido y travieso, el viejito me contó que había regentado por 30 años un restaurante llamado Pamplona en la calle 17 de New York. Había tenido 4 esposas españolas y otros tantos divorcios, una vida de novela y ahora regentaba esta tiendecita de souvenirs cuya fachada pintaba, en esta isla perdida.

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Navegamos en ceñida con dos velas de proa. Génova y trinqueta, que mejora nuestra rendimiento

Tras el fracaso en esta misión, al día siguiente nos dirigimos al puesto de la policía portuaria en Katápola, el otro puerto de Amorgós, donde un par de policías, tras revisar minuciosamente nuestros documentos, nos dijeron que ellos no tienen autorización para renovar permisos (suena a escaqueo).

Ante la negativa, consultamos a algunos amigos que recientemente han hecho la renovación y todos nos insisten en que la póliza de seguro debe venir acompañada de un certificado de la aseguradora, afirmando que se cumple con los límites establecidos en la ley griega respecto a la responsabilidad civil en varios aspectos. A ellos se la han exigido. Se la he solicitado a mi compañía de seguros y como no la he recibido aún, hago un nuevo intento, por tercera vez, en esta ocasión en el puesto policial de Lipsi, donde una amable policía nos ha puesto el sello sin mirar ningún documento. Bendita esta Grecia anárquica donde al final todo se resuelve.

En este fondeo hemos coincidido con un compatriota con una enorme experiencia en la mar y también aficionado a la escritura. Su nombre es Lluis Ferrés. Biólogo, escritor y marino. La editorial Juventud le ha publicado dos libros sobre sus vivencias en la mar («La isla olvidada y Secretos del Mediterráneo») en los que con preciosa prosa nos cautiva con sus documentados e interesantes relatos. Hemos intercambiado libros y compartido con él historias, anécdotas y aventuras. Habla griego correctamente, lo que le ha permitido relacionarse con los lugareños en cualquier lugar y circunstancia. Un hombre sabio e interesante.

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De paseo por los desérticos riscos de Arkangelos, entre rocas y cabras

 No hemos podido avanzar mucho en estas dos semanas a causa de la meteorología y también porque nos ha surgido un problema mecánico que nos ha obligado a buscar un varadero para sacar el barco del agua y repararlo. Resulta que en una comprobación rutinaria del aceite de la inversora (engranajes que regula la marcha avante y atrás) que siempre lucía impecable en su color amarillento y viscoso, lo encontramos sucio marrón lechoso.

Nos informamos y descubrimos que es consecuencia de una filtración de agua por los retenes deteriorados o las juntas tóricas que hay en la cola de la hélice, así que el único modo de valorar el alcance y repararlo es varar el barco. En esta época están todos los varaderos y técnicos desbordados de trabajo. Al final, tras mucho insistir, conseguimos que nos hagan un hueco en Parthani, al norte de Leros, donde solucionan el problema en un par de días.

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Tabernita alegre

Mientras esperábamos para la cita de la varada, nos dirigimos al norte a visitar la tranquila isla de Lipsi, pequeña, con pocos habitantes y un puertecito coqueto y pulcro. Apenas una docena de veleros y sin capacidad para recibir más turismo. Este año en prácticamente todos los puertos visitados hay un harbour master que se encarga de asistir en ocasiones al atraque, de ofrecer agua y electricidad y cobrar los escasos 6 euros que hay que pagar a la municipalidad como tasas. 

Posteriormente continuamos rumbo norte a la isla de Patmos, lugar de culto y peregrinación griegos, ya que cuantan que aquí se refugió San Juan Evangelista para acabar de escribir el nuevo testamento, así como el Apocalipsis y donde posteriormente se construyó un amurallado e inexpugnable monasterio/castillo legendario en su honor en el siglo XI, lugar de los más venerados del culto cristiano. Tuvimos suerte al visitarlo en día que no llegan grandes cruceros a la isla y ser aún temporada baja.

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Vista de la Bahía de Skala en Patmos desde el Monasterio de San Juan

Nuestra siguiente etapa es cercana, rumbo este hacia la costa turca, donde nos acercamos a la casi deshabitada isla de Arki, cuyo profundo puerto muy estrecho acaba en un pequeño muelle que solo alberga una decena de barcos y sorprendentemente no hay un solo lugar disponible. Como alternativa nos habían recomendado el islote que se sitúa a su entrada, Maratho, donde decidimos fondear. Un par de tabernas y escasas construcciones en tierra hacen de este islote un lugar apenas frecuentado.

Al anochecer, aparte del viento, solo se escuchan los cencerros y el balar de las cabras que libremente pastan a su antojo. Nos acercamos a la taberna frente a nuestro barco llamada “El pirata” donde nos recibe su propietario, con desgastado atuendo de viejo pirata, la cara ajada, con profundos surcos fruto de miles de horas de mar y viento, cigarrillo permanente en sus labios y una sonrisa de quien lo ha visto todo y sigue disfrutando de la vida. Nos ofrece un delicioso guisado de cabra joven de la isla, cocinado a fuego muy lento, que agradecemos.

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Molinos de viento para aprovechar la fuerza del Meltemi

Estas islas apenas habitadas, con más cabras que personas, muestran un hermoso paisaje que requiere acercarse para ver y oler su belleza.  Aparentemente mortecino, oculta una enorme vida de supervivencia en sus matorrales y arbustos entre pedruscos, muy florecidos en esta época, cuajado de lentiscos en flor. Algunas plantas de penetrantes aromas junto a acebuches y pinos completan la escena. También hay vida animal. Pudimos ver una preciosa lechuza y una víbora que se cruzó en nuestro camino que por suerte la vimos moverse.

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Patmos

Rumbo a Kos, hacemos una breve parada en Lakki, en la parte meridional de Leros, uno de los puertos naturales más importantes del Egeo, donde Mussolini, en los años veinte y treinta, quiso edificar un nuevo imperio romano y llenó la ciudad edificios art decó, jalonando grandes bulevares, algunos de los cuales amenazan ruina, aunque otros se están restaurando dando a la ciudad un aspecto renovado. Cosas del pasado. Extraño lugar. No solo por lo sorprendente de su arquitectura, sino por la cantidad de emigrantes norafricanos y sirios que se ven por sus calles. Imagino que la proximidad a Turquía la convierte en ruta de los que huyen de la miseria o las guerras. Otro mundo de contraste con las tranquilas islas de las que venimos. Continuamos nuestro camino hacia el sur….

Lakki (Leros), 31 de mayo de 2019.
Autor: José Muro.

Flickr imágenes de primeras impresiones del Dodecaneso

Si quieres ver todas todas las imágenes de las primeras impresiones del Dodecaneso, entrar en este enlace.

 

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