Vamos tomando velocidad de crucero

Vamos tomando velocidad de crucero

Los bancos de sardinillas modifican la superficie del agua e1525289061733 - Vamos tomando velocidad de crucero

 

Uno se desacostumbra al ritmo y movimiento del mar después de tanto tiempo en tierra, pero, afortunadamente, no tardamos en ir recuperando los hábitos y protocolos que, de ahora en adelante, durante los próximos seis meses, determinarán nuestras vidas.

Amarrados en el puerto fluvial de Cullera

 

Hemos comenzado despacio, con etapas no muy largas, visitando amigos en varios puertos, para también ir probando los diferentes componentes e instrumentos del barco y afinando aquellos que sea necesario. Aprovechamos para que un excelente mecánico nos revise con minuciosidad el motor en Valencia y para hacer la varada anual, limpiar y dar antifouling en Burriana (magnífico varadero donde uno puede hacer si quiere sus propios trabajos y ellos tienen una propuesta muy atractiva en calidad precio). Sorprendentemente, el Fenque mostraba la obra viva más limpia que nunca, a pesar de llevar seis meses sin apenas navegar, quieto en su atraque. Habitualmente, cuando lo varamos en primavera presenta incrustaciones y algas por todo el casco.

Después de un largo invierno, con una sucesión  continuada de tormentas en que retrasaban el comienzo de la primavera, cuando ya estamos ansiosos por sentir la llegada de la estación, parece que ha llegado el tiempo cálido a instalarse y podemos navegar con vientos suaves y medios, bajo cielos despejados y mar plácida.

La comprobación de los diferentes elementos de navegación ha sido positiva, salvo algunos ligeros problemas, que ya hemos solucionado. En la revisión del AIS (sistema de identificación automático de barcos que permite ver datos instantáneos sobre los barcos que están en la pantalla: la velocidad, el rumbo, tipo de barco, etc.) antes de zarpar debimos reconectar mal algún cable porque la radio VHF se quedó sin posición de GPS, pero ya hemos encontrado el fallo y ha vuelto a tomar señal y posición, lo que es esencial para que en caso de emergencia, al pulsar el botón de “distress” envíe nuestra posición a salvamento marítimo.

Otro problema que se nos presentó  que requería inmediata reparación fue el primer día de navegar, se sobrecalentó uno  de los dos iPads en los que tenemos las cartas de navegación, marcamos nuestras rutas y vigilamos permanentemente nuestra derrota. Repentinamente mostró un mensaje de emergencia, requiriendo enfriarse antes de continuar, cosa que hicimos, pero ya nunca volvió a recuperarse. Ni con ayuda del soporte técnico telefónico de Apple. Así que hubo que ir a la tienda oficial donde nos lo sustituyeron por otro del mismo modelo a un precio reducido. Afortunadamente se reinstalan automáticamente todas las apps, lo que reduce el daño.

Nuestra primera etapa recaló en Villajoyosa, uno de nuestros destinos habituales cuando cruzamos a Baleares, cuyo frente marino de pequeñas casas multicolores nos alegra siempre la vista. Que diferente visión a la de sus vecinas inmediatas Benidorm o Calpe, donde se amontonan enormes edificios. La costa del cabo de la Nao, vistas desde el mar, entre La Vila por el sur y Denia por el norte, es una de las más hermosas de nuestro país. Abrupta, sorprende con su sucesión de sierras y montañas superpuestas en el horizonte. Siempre disfrutamos de esta etapa, recalando alternativamente en alguno de sus agradables y tranquilos puertos, como Altea o Moraira.

Disfrutando de una paella socarrat en Casa Carmela en La Patacona, Valencia

 

Tras un amarre en Denia, desde donde en otras ocasiones cruzamos a Ibiza, para pasear por su animada calle Loreto y tapear por sus bares, en esta ocasión tomamos rumbo norte a Cullera, donde nos esperaba el mecánico: Andrés. Se trata de un puerto singular, peculiar, muy diferente a los que estamos acostumbrados. Se trata un puerto fluvial, de agua dulce, sobre el río Júcar, al que se accede tras remontar aguas arriba una milla desde la desembocadura. Allí, a nuestro estribor, adivinamos unos pocos mástiles en la orilla del rio y nos encontramos con postes en un pantalán de madera en el que los barcos están abarloados en filas de hasta tres en fondo. De ese modo tuvimos que amarrar el Fenque, ya que apenas hay espacio. Extraña sensación, aunque agradable.

Nos sorprendió el curtido Andrés cuando se le iluminó la cara con una sonrisa pícara, al tiempo que de felicidad, cuando al entrar en el camarote de popa para tener acceso adicional lateral al motor, descubrió estibados nuestra caña y carrete para pescar al curricán. La pesca es su pasión, nos comentó, faltándole tiempo para ir a su camioneta de herramientas y traer un pequeño álbum de fotos de capturas de ejemplares de atunes que ha logrado a lo largo de muchas temporadas. Nos obsequió con  algunos consejos. Nos dejó atónitos la vista de esos monstruos, algunos de hasta 300 kilos.

Que grande Andrés y que enormes los atunes que pesca

 

Ya entrados en conversación, animado al ver nuestra admiración, nos cuenta que sus cañas están fijas al barco y que, en ocasiones, cuando alguno de estos feroces depredadores muerden su “rapala” y queda prendido por los anzuelos, cuando tiran para liberarse, llegan a desplazar el barco moviendo la popa hacia atrás, por la fuerza que desarrollan. Impresionantes fotos e impresionantes bichos.

La marina real de Valencia, construida en el antiguo puerto junto a la Malvarrosa, nos permitió amarrar frente al canal por donde salían los barcos que compitieron años atrás en la Copa América y poder pasear unos días por las callejuelas de la zona antigua de Valencia donde disfrutar de sus elegantes edificios, de enorme variedad arquitectónica.

Atracados en la Marian real de Valencia

 

Aquí tuvimos como vecinos de pantalán a una pareja encantadora de valencianos, ya veteranos, como nosotros, que sueñan con emprender pronto una aventura en su velero. Nacho, coach en RRHH de profesión, tiene las ideas muy claras sobre lo que es importante en la vida y lo que nos hacen creer que lo es sin serlo. Después de lo que hemos vivido y corrido, coincidimos en que el bien más preciado que tenemos a estas alturas de la vida es el tiempo y en que debemos asignar la mayor importancia a dedicarlo realmente a lo que queremos. Es reconfortante escuchar a personas de mente brillante, su opinión coincidente sobre la necesidad de reflexionar y replantearse permanentemente el empleo del tiempo y si estamos haciendo lo que queremos hacer con nuestras vidas, manejando nuestro destino y nuestra voluntad, sin dejarnos llevar por corrientes, modas e imposiciones sociales.

El tiempo es el bien más escaso que tenemos y es inteligente asignar ese recurso a lo que nos proporciona felicidad o placer. A los veinte años uno tiene toda la vida por delante y puede derrochar tiempo. Nosotros no. Ya no importa el éxito social, lo que demás piensen o esperen de nosotros. No podemos dejarnos llevar por otra voluntad que no sea la propia. ¡Que tarde se aprende esto y que esencial es para vivir una vida plena!

Recurrentemente me pregunto a qué dedico mi tiempo y si coincide con lo que deseo o me dejo llevar por las supuestas obligaciones o compromisos. No estoy dispuesto ya a hacer nada que no me interese, que no me ilusione, ni a dedicar un segundo a personas, situaciones o actividades por “compromiso” o conveniencia social.

Amanece saliendo a mar abierta por la desembocadura del Júcar

 

Volviendo a nuestra ruta, dejamos Malvarrosa atrás para llegar a Burriana, donde al varar el barco, nos sucedió una anécdota divertida. Según el “travellift” colocaba el Fenque en su cama, el armador del barco contiguo, un Hanse 47, mirándole  nos espeta: ¿El Fenque es tu barco? Al responderle que sí, me dice: he leído vuestro libro entero porque me quiero ir este verano al Jónico y me ha sido de mucha utilidad. Motivo suficiente para departir en animada conversación y fraguar una nueva amistad. Así es la comunidad marinera. El mar nos acerca. ¡No podía creer que el Fenque fuera reconocido por extraños!

Estamos ya con el barco de nuevo en el agua, esperando que baje la intensidad de viento y ola para dar el salto a Mallorca y Menorca. Aunque en esta ocasión se trata de un paso rápido y apenas las disfrutaremos ya que queremos llegar a Atenas cuanto antes. Para aquellos que no hayáis navegado por sus limpias aguas en la siguiente entrada os propondré algunas recomendaciones y sugerencias sobre nuestros puertos favoritos que consideramos de inevitable parada.

 

Fotos Travesía 2018 - Vamos tomando velocidad de crucero

 

Si queréis ver más fotos de la Costa Cálida, entrar en este enlace.

 

Castellón, 1 de mayo de 2018.

Autor: José Muro.

 

2 comentarios

  1. Liliana Checa dice:

    Estupendo relato de sus aventuras y lo que estás conllevan. De alguna manera los imagino como Ulises, pero con Penelope al lado, es como volver a escribir la historia. Sin duda su viaje hubiera tenido menos aventuras pero también habría sido uno sin angustias ni temores.

    Eso es los que ustedes están haciendo, disfrutar de eso que llamas tiempo, que es lo que la vida nos da, y sacar el mejor provecho del mismo. No todos en la vida toman decisiones como las suyas y eso es admirable. Hacer en la vida lo que uno elige mirando siempre hacia el futuro y dejando atrás los convencionalismos. Bravo por eso y a la espera de la próxima entrega en la que los imagino en el Egeo, visitando la isla de Delos, sagrada hasta hoy día entre las Cíclades, porque ahí nació Apolo! Tentador encontrarlo!

    • Proa Itaca dice:

      Me encanta que te gusten nuestros relatos. Coincido plenamente con tus comentarios, que agradezco sobremanera. En efecto tratamos de vivir con autenticidad y mirando siempre hacia nuevos desafío con ilusión. No dudes que tenemos intención de visitar todas las islas mágicas griegas a donde los vientos nos lleven y recrearnos en su historia, arte y como no, mitología. Abrazos y gracias de nuevo por seguirnos y por tus comentarios.
      José

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