“Vanitas vanitatis” en Halki

“Vanitas vanitatis” en Halki

Halki

Y llegamos a Chalki (Halki), una de las islas más meridionales del Dodecaneso. Es mi favorita, sin duda. Una joya exquisita, poco explotada, muy poco visitada y habitada por escasamente 300 habitantes y escasos turistas. Su bahía tiene las aguas cristalinas más limpias que jamás he visto, y el pequeño puerto, parte de un extremo en el que hay un muelle para los escasos ferris que la conectan con el mundo y se extiende trazando un amplio semicírculo que da cobijo a una veintena de pequeños caiques pesqueros en los que siempre hay alguien preparando o reparando redes.

Amarramos en un pantalán flotante en forma de T que provisionalmente arman en verano desde el muelle pesquero para permitir que puedan situarse una docena de veleros en este pequeño y adorable pueblecito.

En la isla no hay más que una carretera de 5 km de longitud que parte de aquí y lleva hasta las ruinas de un castillo que construyeron en lo más alto de una inaccesible y escarpada montaña los Caballeros de San Juan, señores de estas islas hasta que fueron expulsados por los otomanos, hace 500 años. En consecuencia, no hay coches ni motos que produzcan jaleo, ruidos o contaminación. Se escuchan las campanas de la iglesia regularmente, los pájaros o las conversaciones de los vecinos sentados en alguna de esas tabernas que miran al puerto, sombreadas por longevos y tupidos tamarindos.

Halki
Panorámica de Chalky desde el mar

Las escasas callejuelas, con sus pintorescas y cromáticas casas venecianas superpuestas mirando al mar dispuestas en tres o cuatro hileras, pintadas de todos los colores pastel imaginables engalanan las suaves laderas que ascienden en una montaña que es pura roca. Herencia de un próspero pasado como pescadores de esponjas que les trajo una fortuna al tiempo que se lo cobró en tragedias humanas a causa de las embolias de parálisis y muertes generadas por el buceo con escafandras alimentadas con aire comprimido a finales del siglo XIX, cuyos efectos perniciosos se desconocían.

Cuando descendemos del barco para dar un paseo de reconocimiento por el puerto y un gratificante baño, me sorprende sobremanera una escena que no consigo descifrar porque no entiendo griego: Un señor le está mostrando unas bolsas de bengalas náuticas a un par de pescadores. En un país anárquico, donde, como ya he contado en otras ocasiones, las autoridades apenas se ven ni persiguen el cumplimiento de las normas, es inaudito que alguien venga un sábado a un puertecito alejado del mundo a vender unas caras bengalas a unos pobres pescadores…….Por algo me llama la atención la inusual escena.

Una hora después se desvela el misterio. Oímos fuertes e insistentes bocinas de varios barcos y salimos a cubierta a ver qué ocurre. Vemos aproximarse el par de pesqueros mencionados antes con bengalas encendidas y botes de humo de salvamento a varias manos anunciando la llegada y custodiando a un yate de unos 25 m de eslora. Me recuerda a la llegada a algunos puertos españoles de los Reyes Magos en navidad aclamados por la multitud entusiasta y la cara de ilusión de miles de niños.  Suponemos en un primer momento que la causa de tanto escándalo debe tratarse de una boda.

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Tsipras feliz

Como estamos en la cabeza del pantalán, se acercan a nuestro lado varios curiosos a ver la comitiva, ente ellos el harbour máster responsable del modesto amarradero, a quien pregunto si se trata de una boda. Me responde que no, que son “unos griegos” (él no se debe sentir muy patriota en una isla tan alejada de Atenas y que solo pertenece a Grecia desde 1948) a cuya cabeza viene Alexis Tsipras, el primer ministro de Grecia, del partido Syriza, equivalente a nuestro “Unidas Podemos”, que gobierna la coalición de izquierda. Entran en puerto con mucha fanfarria y alboroto por su parte, pero sin recibir muestras de entusiasmo por los pocos paisanos que están en tierra.  Apenas un minúsculo comité de bienvenida les recibe. Nos comenta nuestro interlocutor que está en campaña electoral y que solo va a estar unas horas, en su periplo por las islas.

Trascurridas unas horas y sentados, a la griega, en un café de esta pequeña cornisa, vemos al susodicho que regresa al yate que le trajo, seguido de sus acólitos y dando manos a los pocos que a su camino encontraba.

Pero lo mejor viene ahora. Cuando el barco zarpa, esta vez sin otros que lo escolten, pero con las estruendosas sirenas sonando sin tregua, sin obtener réplica, salvo la bocina de un vecino nuestro de bandera norteamericana, de Delaware, da una vuelta de honor en la bahía, a modo de vuelta al ruedo, sin parar de saludar desde la proa a un público inexistente, salvo algunos pescadores y otros paisanos que desde sus barcos unos y desde sus mesas de café otros, miran con indiferencia, sin molestarse en saludar ni hacer gesto alguno. Como si aquella función no fuera con ellos. Y así, sin aclamación de multitudes, pero con una estruendosa bocina apocalíptica, este líder antisistema se da su baño de vanidad.

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Nunca he visto agua tan limpia en un puerto

Y no es de extrañar. Ningún político goza de muchas simpatías en un país al que han llevado a la ruina unos y otros, y aún menos en estas alejadas y olvidadas islas. No solo la morfología y la radical climatología han condicionado la vida de este manojo de islas dodecanesas, tan próximas a un enorme país como es Turquía, vecino con más de 100 millones de habitantes, sino también sus avatares históricos. Nos sorprende saber que la generación que nació hace cien años ha tenido varias nacionalidades y pasaportes: primero fueron otomanos cuando eran niños, y según fueron creciendo devinieron italianos en su adolescencia, ingleses en su juventud y alemanes en su madurez, y así hasta el fin de la II guerra mundial que pasaron a ser griegos.

Si a este desapego le añadimos el afán reglamentista de esta radical izquierda tratando de meterse en la vida de la gente que trabaja duramente para ganarse el pan, la ecuación de la indiferencia se resuelve con facilidad.

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Nuestro amigo Javi patronea este barco de un armador inglés, que rara vez navega

Y ya que estamos con Tsipras, me permitiré trasladar la situación a nuestra querida Iberia, donde se reproduce ese intento ilógico y trasnochado con el que las autodenominadas “izquierdas” se erigen en falsa salvaguarda de las libertades, en posesión siempre de la verdad con mayúscula y la ética.

Todos coincidimos en que es imprescindible la intervención del Estado para regular aspectos de la convivencia pacífica, Pero en algunos casos se lleva esa intervención a extremos que parecen sacados de una pesadilla y que el sentido común no puede aceptar.

Voy a citar solo dos ejemplos recientes de dos autoridades de la izquierda radical e independentista que causan indignación: El ayuntamiento de San Sebastián ha promulgado una norma por la que un piso que esté deshabitado durante dos años será confiscado por la autoridad. No puedo creer tamaño asalto a la propiedad privada.

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Paseando por Nikia, Nysiros

La segunda ha sido promulgada recientemente por el Gobierno de Navarra: Cualquier empresa que pretenda contratar con la administración foral (como yo he venido haciendo con varias administraciones autonómicas) deberá demostrar que tiene implantado un plan de enseñanza obligatoria de euskera para todos sus empleados. Quede claro que más de la mitad de los navarros jamás hemos hablado eusquera, ni tenemos ninguna intención de hacerlo.

Volviendo a la mar, esta quincena ha trascurrido por un pequeño grupo de islas cercanas. Ya mencioné que nuestra favorita es Chalki, a la que regresaremos una y otra vez, enamorados de su especial atmósfera y singularidad. También conocimos Tilos, preciosa isla, sorprendentemente tupida de verdes pinos, olivos y tamarindos; y engalanada con los intensos colores de hibiscus, adelfas y buganvillas, tamizada con diversos cultivos en unos valles fértiles, a diferencia del resto de las pedregosas islas, secarrales pedregosos sin vegetación, donde se oye el canto de las cigarras, alejada del bullicio de las muy turísticas Kos o Rodas.

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Las murallas de Rodas

Esta última conserva restaurado uno de los cascos antiguos medievales mejor conservados de Europa y en consecuencia está invadida por turistas (cinco millones al año). Nos agrada vagabundear por estas islas, sin rumbo fijo ni plan preconcebido, como la volcánica Nisyros o Kos y saludar de nuevo a amigos que vamos dejando por estos lugares. En nuestro derrotero quedan anotadas las indicaciones y los detalles de interés para navegantes.

En el pequeño puerto de Tilos donde apenas hay lugar para media docena de barcos, nos sorprende la llegada, en el mismo día, de tres barcos comandados todos ellos por mujeres. Me alegra ver mujeres capitanas al mando de veleros. Pudimos compartir cena y charla con Margarita y Vasilily, jóvenes amantes de su vida en la mar que patronean un cuarenta y seis pies de un armador alemán.

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Relajados frente al mar

En este curioso mundo errante uno no para de hacer amigos. Tuvimos también el privilegio de conocer a un par de navegantes profesionales españoles, Javi, el capitán y Alex el tripulante, que manejan un precioso barco de madera, de 75 pies. Bello como pocos, su armador inglés tan solo navega unos días al año y ellos son los privilegiados que lo disfrutan. Nos invitaron a subir a bordo y disfrutamos sobremanera de apreciar un barco tan cuidado. Hermoso, caro y lujoso, sin duda. No obstante, no lo cambiaría por mi FENQUE. No tiene el brío de un pura sangre. Está diseñado para otro fin.

Y de nuevo otra perla. Nuestros amigos Mercedes y Diego nos invitan a la celebración del 50 cumpleaños de ella en un lugar muy especial, en Agia Marina, al noreste de Symi, donde acudimos distintos barcos con sus invitados y entre ellos los padres de Diego, esplendidos octogenarios que vienen en un velero precioso, el ANDOVAL, de un armador catalán, con capitán y marinera, construido hace 40 años en Barcelona y diseñado por German Frers, autor de los  míticos Swan, reconocidos por sus líneas tan planas, elegantes y perfectas. Tenemos otro gran amigo José, armador del Seny, de la misma época y diseñado por el mismo autor, G Frers para participar en la Whitbread, ahora llamada Volvo Ocean Race. Que pequeño es el mundo.

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El Andoval nos enamora

Ya en el ecuador de esta travesía nos visitan algunos entrañables amigos. A Antonio y Marisa los recogimos en Rodas para compartir unos agradables días descubriendo nuevos fondeaderos y rincones. Nos unen muchas horas de navegación juntos. Es  una suerte tener amigos como ellos.

Kos, 1 de julio de 2019.
Autor: José Muro.

Flickr imágenes de primeras impresiones del Dodecaneso

Si quieres ver todas las imágenes de “Vanitas vanitatis” en Halki, podéis encontrarlas en nuestra coleción de álbumes.

 

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